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Infiel por mi culpa. Puta por obligación (38)
Fecha: 12/08/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos
... virginidad a tu amiga? No crees que ya deberías confesar que esa excusa… ¿Solo era una coartada y la justificación que buscaste para acostarte con él? —Le refuto indignado y cansado, de que Mariana no lo quiera reconocer con sinceridad. —No… No es así. En mi mente siempre estuvo primero la idea de un delicioso desquite. Y en ese transitar de aquí para allá, pensando en cómo humillarlo y aventajarle en los negocios, el noviazgo de ella con Sergio se me apareció, y tomé partido por su candorosa inocencia. Y luego sí, ya creyendo tenerlo todo controlado, es que me puse a pensar mientras terminaba de colocarme los zapatos de tacón, en… ¡Puff! ¿Que debía hacer desde ese momento en adelante? Ahora todo mi mundo lo había puesto patas arriba con él en la oficina todos los días, mientras que tú, el hombre al que realmente amaba, inocente y traicionado, se encontraba esperándome confiado en nuestra casa. Y por último en mí, floreciendo con inusitada fuerza, mi exagerada vanidad y emputecimiento, por el poder que me descubrí. —Está claro, pues nada más que sostener una continuidad en su relación laboral y mantener el vínculo del vicio por traicionar, perpetuando en lo posible el fino hilo que los unía como amantes. Por más racional y sagaz que te parezca, compartir con ese Don Juan de vereda, un «nosotros» escondido, fue una estúpida misión que tomaste para intentar superarlo, deshumanizándote hasta límites insospechados, justo como lo era él, con su encumbrado ego y vanidad. Lo ...
... convertiste en ese ideal compañero de oficina, con derecho a culiarte, pero sin permitir que la dirección incorrecta se te torciera, y te llevara de nuevo hacia mí, a quien en verdad debías mantener tu lealtad. —Bueno, sí. Puedes tener mucha razón en eso, pero esa fue la idea inicial de igualarme a él, para jugar su juego y luego superarlo. Pero siempre tuve presente que, incrustada en mi cabeza, la idea de que haciéndolo mi «amigo secreto», sin que se diera cuenta, fuera cediendo y dejara de comportarse en nuestra intimidad, como solía hacerlo ante las otras mujeres, colocándole límites o barreras a su libertinaje, y consiguiendo que me perteneciera al final. Y luego de enamorarlo, de que me deseara hasta los tuétanos, superarlo ampliamente en los negocios realizados, ubicarme por encima de él en la constructora, e inesperadamente abandonarlo. ¡Qué loca idea de venganza! ¿No? —Pero es que se lo merecía. Por todo lo que me molestó delante de los demás. Por todo lo que te ofendió, delante mío. Como se expresó de ti, de mi esposo sin saber que me esperabas en casa despierto, para despedirnos ese fin de semana haciéndonos el amor. Esa noche, cuando tomando mi bolso, las llaves del Audi y mi teléfono empresarial, abrí la puerta sin esperar a que él se colocara los calcetines y los zapatos y fue cuando le escuché decir... —Tranquila bizcocho, que el cachón de tu marido no se va a enterar de nada. Debe estar puliéndose los cuernos, acostado en el sofá. Lo que me apena es ...