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Infiel por mi culpa. Puta por obligación (38)
Fecha: 12/08/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos
... ver como con su mirada avellana, el ya me adoraba. Y creí que… Pensé que, si bien había sido la primera vez, con eso había tenido suficiente para clavármele en la mente. Me abrumó un poco sentir sus caricias suaves, tiernas y desbordadas recorriendo mi cuerpo. No era las tuyas, tan acostumbrada mi piel a dejar que con ellas me descubrieras nuevos puntos de placer. —Sí, Cielo. Sé bien que te duele escuchar eso, pero precisamente esa fue inicialmente mi intención. —Hago silencio de nuevo y tuerzo el cuello para poder observar a mi esposo, agonizando sentimentalmente, por mi culpa y porque… Porque así lo quiso. Y me duele. ¡Jueputaaa! Me atormenta lastimarlo todavía más, al enterarlo de mis andanzas, mucho más doloroso a lo que varias noches atrás, antes de decidirme a venir, lo imaginé. —Me cobijaron sus brazos, mientras yo todavía inhalaba oxígeno, –que había aspirado antes de desmoronarme– y liberaba en esa habitación, metros cúbicos de dióxido de carbono y más calor. Al momento nos arropamos, utilizando únicamente la sabana floreada. La frazada, arrugada y humectada en el centro, la mantuvimos relegada a nuestros pies. —¡Cinco minutos! ¡Solo cinco y ni uno más! Pensé. Teníamos tiempo de sobra para cumplir con las tres horas pagas, pero… Fueron más de cuarenta los que dormité. Un movimiento involuntario de mi pierna izquierda sobre las suyas, semejante a una alarma natural, me despertó. Y tras esa esporádica pero providencial sacudida, también a él lo ...
... desadormecí. Se aparta de mí, recostándose por el hombro contra el poste de madera, y se pega bastante a este, descolgando su cabeza y el mentón, aterriza sobre el esternón. El llanto sigue fluyendo directamente de sus ojitos marrones hacia el suelo del mismo color, pero oscureciéndolo al mojarlo. —Exploré apurada con la mirada, aquella habitación alquilada y desordenada, ubicando el sitio donde había dejado tirada mi tanga, el sostén negro y el resto de mi ropa. Se me aceleraron las pulsaciones al darme cuenta en el reloj, las dos horas y media que utilicé para pagar mi deuda y también pensé que, si me daba prisa, vistiéndome sin bañarme, a esa hora y con poco tráfico, podría llegar a casa, no muy tarde. —Y eso fue… eso fue casi todo. No fue nada especial, Camilo. Solo le di una terapia final con un poquito de… «Quereme», para que no se olvidara tan pronto de mí. La prioridad era sentirme a gusto, con esa otra mujer que habitaba dentro mío. Y a él darle a probar otro poco de mí cuerpo. —Ya. Me imagino la dedicación con la que decidiste… ¡«Terapearlo»! —El tratamiento que le ofrecí esa noche, consistió en que aprendería a darme un buen sexo. Tan solo eso. Pero, así mismo me pregunté… ¿Que podría hacerle yo a él, que no le hubieran hecho las demás, ni su novia, para oprimir algún interruptor en su psiquis, y mantenerlo interesado en mí y en ninguna más? ¿Qué le haría para enamorarlo y alejarlo del asedio de K-Mena? —¿Otra vez con la misma disculpa de preservarle la ...