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Infiel por mi culpa. Puta por obligación (38)
Fecha: 12/08/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos
... —Le explico a Camilo, haciendo énfasis en que no estuve tan sola, pensando en él. —Así que utilicé la otra artimaña. –Continúo mi aclaración. – Mis dedos los usé como instrumentos, haciendo círculos y apretándome el clítoris entre ellos. Le… Yo le pedí que se moviera con mayor fiereza, y… Empecé a sentir ya más rico. Así que… Se me dispararon los sentidos. Sentía demasiado calor por todas partes, corrientes eléctricas ascendiendo por mis muslos hasta mi… ¡Puff! Percibí mi olor, mi aroma a hembra cachonda y el sudor… El suyo, mezclado con el salobre mío. —El caso es que… Él se dio cuenta y apretó mis caderas con las palmas de sus manos contra su… Me embistió con mayor ahínco y así… Sin preludios ni mi autorización, sentí como un dedo, creo que el pulgar, lo incrustó por completo en mi ano. Fue inoportuno, sorpresivo y abusivo, pero yo… Gemí de gusto, sí. ¡Personal y particularmente satisfecha! De soslayo oteo la expresión de su rostro. Abatido, o resignado, Camilo no se mueve ni muestra nuevas emociones. Ha llorado mucho por mi culpa. De hecho, sigue haciéndolo en silencio, respetando mi caprichosa decisión de no interrumpir mis recuerdos, mientras le sigo clavando más puñales a nuestra relación y un mayor número de clavos a mi ataúd. —Se me tensó el vientre y apreté las pantorrillas. –Prolongo esta revelación. – Incluso se me recogieron los dedos de mis pies. El clímax, como cuerda imaginaria de un arco, logró que arqueara la parte alta de mi espalda, intentando ...
... en vano juntar los omóplatos, y sí... Sí pude alcanzar mi orgasmo. Extendido y tan largo, que sentí contracciones en mi esfínter, apretando de paso su dedo invasor. —Tanto las paredes de mi vagina y el clítoris henchido, los sentí arder. Me elevé entonces hacia ese infinito sensorial tan placentero, y del cual uno ya no quisiera descender, clamando porque durara, que se mantuviera y no se cortara. Disfrutando de esa especie de agonía deliciosa, mientras lo jadeos me los tragaba pasando saliva, y mis suspiros aparecieron con aires casi espirituales. —Y entre espasmo y espasmo, regresaste a mi mente. Se bien el instante en que sucedió, pero no el lugar a donde fue a parar mi entusiasmo. Se apagó la fogata inesperadamente, pero sí. Sí, Camilo, gocé mientras estuve encima de él, pero no por él, sino por mí misma. Aunque eso al fin de cuentas para ti, no tenga ya demasiada importancia. ¿Fui feliz esa noche con él? Pues sí, y no tanto. Digamos que me gustó a medias, y de la otra mitad, me tocó a mí arreglármelas sólita. —¿Has acabado? —Me pregunta con tristeza, y yo niego, moviendo mi cabeza y mirando para el otro lado. Necesito aclararle el final. Para que su obsesiva suposición tenga mediana resolución, y aunque inexacta, le entierre yo otra daga. —Abatida por el esfuerzo, me desplomé de medio lado sobre la frazada arrugada y fría. Me encogí, volviéndome un ovillo de piel sensible y sudada. José Ignacio me levantó para acomodarme transversal en la cama. Me alegré al ...