Mi hermana siempre estuvo más buena que yo
Fecha: 27/08/2025,
Categorías:
Infidelidad
Autor: fernan, Fuente: TodoRelatos
... estuviese a la altura.
Sara no lo sabía, pero Mario había precalentado justo antes de que ella llegase al Centro de Salud, justo a las seis cuando casi ya no quedaba nadie. Harta de que mis planes siempre saliesen mal, como una Ashley cualquiera, le había dicho a Sara que la acompañaría pero que yo ya iría por mi cuenta. Así que llegué un poco antes, aparqué en un callejón cercano y allí se la chupé al doctorcillo de guardia. Justo cuando estaba con la manos, y lo que no eran manos, en la masa, Sara me llamó para decirme que se encontraba en la puerta, así que le dejé a medias. Así quería que Lorenzo recibiese a mis casta hermana: ansioso y enfebrecido.
Dos minutos después entraba Sara en su despacho.
–Usted espere fuera –me dijo, tal y como habíamos pactado.
Era el final de la jornada así que ya no quedaba nadie en la consulta pero me aseguré de que quedase la puerta entreabierta, no pensaba perderme aquella humillación de la pluscuamperfecta Sara por nada del mundo.
–¿Y qué problema le traído a mi consulta, señora… Macis?
Bien, se hacía el difícil.
Sara se acercó a él y se inclinó hacia delante apoyando las manos en la mesa. Sin darse cuenta sus brazos empujaron su pechos todavía más hacia delante de manera que aquella delantera parecía a punto de reventar el vestido magenta. Siempre hacía este tipo de cosas como sin darse cuenta. Cuando lo probaba yo siempre me quedaba forzado. De ella emanaba de manera natural, algo que a mí me resultaba en especial ...
... irritante. Por eso y por cien mil pequeños detalles más odiaba tanto a mi hermana.
–Será sólo un momento, doctor. Es que quiero que me dé algo que me corte la leche materna.
Mario no podía quitar la vista de aquellos volúmenes. Aquella mujer era un sueño. La lúbrica media mamada con la que le había puesto a tono parecía la de una monja de clausura comparada sólo con el primer gesto de mi querida hermanita.
–Eh, bueno... sí. Pero antes habrá que echar un vistazo. Desnúdese por favor.
Sara miró sin comprender.
–Pero ... ¿y el biombo? El doctor Ferrandis siempre me pone un biombo.
–No hay biombo. Vamos, por favor, desnúdese, que tengo prisa.
–Pero si está detrás de usted.
El doctor Mario Lorenzo miró detrás suyo. En efecto, el biombo se encontraba allí, plegado pero inoportuno como el sólo.
–Sí, claro, perdone, pero es que como ésta no es mi consulta habitual. Tendrá que disculparme. Ahora mismo se lo pongo.
Sara se fue hasta la camilla. Aquel médico le parecía muy raro. Pero todo fuera por obedecer a su esposo.
El doctor Lorenzo acercó el biombo plegado como estaba. Las ruedecillas parecían oxidadas y rodaban con dificultad. Lo puso delante de Sara y luego intentó desplegarlo. Pero parecía como si sus goznes, demasiado viejos, se resistiesen a extender aquellos paneles. De manera que después de forcejear un rato y viendo Sara que el doctor Lorenzo no salía adelante se ofreció a ayudarlo:
–Ya le echo una mano, doctor.
–No. ¡ufff! Si no... ...