Mi hermana siempre estuvo más buena que yo
Fecha: 27/08/2025,
Categorías:
Infidelidad
Autor: fernan, Fuente: TodoRelatos
... hace falta...
Y en ese momento en que Sara se acercaba el biombo se desplegó tan violentamente que enganchó por delante el vestido de la guapa paciente y todos los botones se abrieron para dar paso a un festival de la carne. El vestido resbaló por los hombros de Sara y el doctor Lorenzo pudo contemplar aquel cuerpo bronceado, con ropa interior negra, que incluía un sujetador tan escueto como sugerente, unas braguitas a juego más bien minimalistas y medias negras sujetas con un sujetaligas también negro.
–¡Oh, perdone! –se intentó excusar el médico mientras ponía los ojos como platos.
–No pasa nada. Sólo ha sido un accidente. Me siento en la camilla y acaba usted cuanto antes.
Así lo hizo. Se sentó en la camilla. El médico se acercó a ella. Le temblaba el labio inferior y bajo el pantalón sentía un caballo desbocado, a causa, entre otras cosas, del viagrazo que se había chutado, que ahora tenía un efecto prematuro.
–¡Oh, sí, claro!
Y Sara se sacó el pecho derecho del sujetador.
–Ya ve como lo tengo, todo hinchado. hace un par de días que no doy de mamar a mi hijo y me duele mucho.
–¿Aquí? –y Mario Lorenzo el apretó un poco alrededor del pezón, notando el pecho redondeado y prieto, acercando mucho la cara porque no pensaba perderse detalle.
–¡Uy, no haga eso!
En efecto. No resultó lo más adecuado porque un chorro de leche materna salió despedida del pezón y le salpicó toda la cara y la gafas al rijoso doctorcillo
–¡Lo ve! Están llenas a ...
... rebosar.
–¡No! ¡No veo nada! –y así era. Mario se sacó las gafas Entendía su confusión porque yo misma sabía lo que se sentía cuando pasaba eso. Intentó recular hasta su mesa pero tropezó con el biombo abierto a su espalda y se fue al suelo, él y el artilugio.
–¡Doctor, que se mata!
Sara, siempre buena samaritana, sorteó el biombo de un saltito y se arrodilló junto a él. Tanto dinamismo resultó excesivo para sus cántaros de manera que el pecho izquierdo se salió igual que el derecho con la cosa ya estaba del todo fuera de madre.
–¿Doctor, está bien? ¿Cómo se siente?
–No veo nada, mis gafas...
Estaban en el suelo un poco más allá. Sara, deseosa de ayudarle se estiró sobre él para alcanzarle los lentes, aunque para ello tuvo que aplastar sus pechos contra la cara del médico. Mario Lorenzo no vería, pero supo de manera exacta que era loque tenía sobre la cara y aprovechó para repasarlo con la lengua. Como en el poema, fue corto el placer pero largo el olvido. Ella ya había recuperado las gafas y las restregaba con la punta de la bata del médico.
–Tranquilo. Ya se las he limpiado -y se acercó a él para ponerle las gafas sobre la nariz–. ¿A que ahora lo ve todo mucho más claro?
Desde luego. Aunque lo que vio claro Lorenzo fue aquel par de pechos y aquel cuerpo de corista en ropa interior negra. Pero era un médico, no podía hacer algunas cosas con sus pacientes, tenía que dominarse. ¿Iba a traicionarme él también?, me preguntaba
–Bueno, será mejor que me ...