Mi hermana siempre estuvo más buena que yo
Fecha: 27/08/2025,
Categorías:
Infidelidad
Autor: fernan, Fuente: TodoRelatos
... incorpore –y Sara quiso apoyar la mano en el suelo para ponerse de pie. Al hacerlo sin mirar, la fatalidad quiso que fuera a colocar su mano en la entrepierna del doctor Lorenzo encontrándola más cercana al chorizo de cantimpalo que al plisado tergal.
–¡Pero doctor...!
Fue demasiado. Más de lo que nadie hubiera resistir. Al sentir aquella mano en aquel punto Mario Lorenzo se volvió loco. Asió a Sara por la cintura y la atrajo hacia si de un golpe.
–¡Doctor! ¿Qué hace!
Giró y se puso encima de ella. Sara pataleaba intentando resistirse. Pero el médico se había convertido en Mr. Hyde. Sus manos le repasaban los muslos, firmes a pesar del de sus golpes de pierna al aire y cuando llegaron a las ingles le arrancaron las bragas.
–¡No! ¡No! ¡No puede hacer esto! ¡No es ético!
Lo siguiente que sintió Sara fue como si le acercaran una berenjena de concurso a su pubis indefenso. Fue sentir la punta del obús y Sara le dio un manotazo que le hizo volver a saltar las gafas para luego escabullirse con el doctor persiguiéndola mandoble en ristre.
–¡Socorro, Socorro, qué alguien me ayude!
Yo dejé de grabar con el móvil y corrí a fingir que iba a socorrerla. Pero mi hermana abrió la puerta de golpe y me derribó a un lado. Las vi alejarse como si fuera un gacela en el Serengueti. Era uno de los superpoderes de mi hermana: correr con tacones como si calzase unas Nike. Yo, mucho más patosa, apenas atiné a intentar incorporarme cuando el desventurado doctor Mario Lorenzo ...
... se dio de bruces conmigo. Bueno, más bien su polla se topó con mi cara. Le dolió a él más que a mí… porque con lo primero que dio fue con mis gafas, justo con la punta del capullo, duro como un diamante. Al final, con los pantalones medio bajados, cayó sobre mí con todo su peso, aplastándome las tetas.
–No… no…. Umpffff….
Intenté hablarle pero ya no pude sacarle de su confusión. Me había metido la polla en la boca de un golpe de cadera y ahora no podía decir palabra. No había duda, lo había calentado demasiado y ahora iba a pagar. Si hubiera podido oír mi voz le hubiese sacado de dudas, le hubiese explicado que yo no era Sara, sino su hermana Clara, la menos buena, la que ningún hombre quería tirarse si ante conocía a la sexy de las hermanas Macis. Pero, claro, sin gafas… Mi vestido era uno de los suyos, con uno de esos hondos escotes que tampoco convenían a una dama, mi falda se había arremolinado en mi cintura y yo también llevaba una de sus medias con liguero… todas esa ropa prestada, la misma peluquera, el mismo perfume, que ella me daba cuando sus frascos estaban a punto de agotarse, mi cabello era un poco más castaño, mis pechos algo menos voluminosos y mi cintura menos estrecha… pero sin gafas y enloquecido por el deseo resultaba fácil confundirse… El mal polvo de dos cegatos. Así que ahí seguía el doctor, el mismo al que había dejado a medias con mi calculada mamada, ahora me estaba follando la boca, sentado sobre mis pechos, sin hacer caso a mí, por otra parte, ...