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Mi hermana, sus amigas y la madre que las parió
Fecha: 28/11/2025, Categorías: Incesto Autor: Viejo Intrepido, Fuente: TodoRelatos
... dándome a entender que aquello es lo que realmente le gustaba. Pasados más de veinte minutos, en los que Bea fue subiendo el volumen de sus gemidos hasta convertirlos en grititos de placer y al final en unos jadeos tremendos, tuvo un orgasmo que la hizo sacudir violentamente toda su anatomía, y acabo riendo alborozada a la vez que decía: -Gracias Nando, no olvidare nunca este momento, por lo que he disfrutado y por saber que me has elegido por delante de Lulu, de la que creo que estas enamorado. -Pues ahora le toca a ella, - dije yo absolutamente optimista ante el resultado obtenido – Y tienes razón, estoy locamente enamorado de Lulu, pero también de Lola, de Violeta y de ti. Os quiero mis niñas. Tengo que decir que, con Lulu, tras la exigua pericia conseguida con Bea, me fue mucho más fácil, pues desde casi el principio encontré su botoncillo del placer y ella en lugar de gemir como mi hermana, empezó a dar verdaderos alaridos de placer, gritando palabrotas y diciendo que no parase jamás. Su corrida tras más de un cuarto de hora de lametones y chupetones, fue apoteósica, más que por sus temblores de placer por sus comentarios obscenos radiando su propio orgasmo. Luego le tocó el turno a su hermana, y la pelirroja que se abrió de piernas exageradamente para facilitarme la labor, me dejo apreciar perfectamente que el incipiente vello de su coño era igual de rojizo que su cabello, cosa que me hizo desear complacerla para que, en el futuro, cuando tuviese algo ...
... más de pelillo, me dejase de nuevo comérselo. Lola era mucho más recatada que su hermana, incluso más que Bea, ya que ni gritaba ni gemía, solo resoplaba haciendo que sus preciosas tetas que yo veía delante de mí por encima de su ombligo, subiesen y bajasen al compás de su agitada respiración, haciéndome sentir completamente orgulloso de poder dar placer a semejante hembra. Se corrió sollozando de placer y diciéndome que en cuanto se recuperase se lo volviese a comer. A Violeta la había dejado para la última, ya que su coño era tan descomunal como su propia anatomía, y quizás hasta cierto punto me tenía cohibido, pero ante los resultados obtenidos con las otras tres, mi ego estaba por las nubes y decidí que a aquella preciosa negrita la iba a hacer disfrutar incluso mucho más que a sus amigas. A pesar de que había estado incorporada mirando con curiosidad y cada vez más caliente, como yo me comía los coños de sus compañeras, al darse cuenta de que ahora la tocaba a ella, se dejó caer de espaldas sobre la cama y abriendo sus enormes piernas me dejo contemplar aquella inmensa y colorida vagina, de la que sobresalía un clítoris purpura y bañado por los jugos que su propia calentura le producían. De forma premeditada y ante aquellas piernas interminables, preciosas y bien formadas, no pude evitar empezar a besar el interior de sus muslos, desde las rodillas hasta casi sus labios vaginales, primero uno y luego otro, sus muslos fueron recibiendo no solo mis besos, también mis ...