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Memorizarse
Fecha: 14/01/2026, Categorías: Hetero Autor: LucasDario, Fuente: TodoRelatos
... paso. Salí de allí sin pedir nada. Era hora de volver a esa librería. No pude evitar hacerlo al día siguiente. Algo dentro de mí necesitaba comprobarlo. Entré en la librería con una mezcla de impaciencia y esperanza. No me equivocaba. Allí estaba. Lucía, mucho más suelta entre los pasillos de libros, empujando un carrito lleno de ejemplares que iba colocando en las estanterías con una familiaridad sorprendente para alguien que acababa de empezar. Su expresión era serena, casi luminosa. Me acerqué con paso tranquilo y la sorprendí desde atrás. —¿Así que has dado el paso y ni te has despedido? Me alegro mucho —le dije. Se giró de inmediato, con una mezcla de sobresalto y alegría, y luego sonrió de oreja a oreja. —No quería tentar a la suerte con despedidas sentimentales. Tenía miedo de que no me atreviera si miraba atrás —confesó. Charlamos un rato entre libros y columnas de madera. Me contó que se sentía más libre, más viva. Que dormir sin presión en el pecho era un lujo. Que leer en silencio rodeada de libros era como volver a casa. —Lo único malo —le dije, sonriendo— es que aquí no sirven café. Y yo tengo un relato a medio escribir. Sus ojos brillaron al instante. Un destello que parecía nacer de algo más profundo que la broma ligera. —Algo tendremos que hacer al respecto —dijo, enigmática. Lucía pareció quedarse un segundo más observándome, con una expresión indecisa. Luego, con ese impulso que la hacía irresistible, se acercó un poco ...
... más y dijo en voz baja: —Quizás sea un poco inapropiado, no lo sé... pero si quieres tomar nota de mi número, esta vez podemos dejar que sea otro quien nos sirva el café. Podemos avanzar juntos en ese relato. Me quedé mirándola, sorprendido y encantado. Ella sostenía la mirada, decidida pero con un leve rubor en las mejillas. Saqué el móvil con una sonrisa que no podía ni quería ocultar. —Me parece la mejor propuesta de café que he recibido en mucho tiempo —le dije mientras anotaba el número. Lucía me dedicó una sonrisa cargada de promesas suaves, de esa complicidad que crece en silencio, sin necesidad de grandes gestos. Me despedí con un "te escribiré" y salí de la librería con el corazón latiendo más deprisa, sabiendo que algo nuevo estaba a punto de empezar. Volví a casa con una energía renovada. No solo por el mensaje que pensaba escribirle esa misma noche, sino porque por primera vez en mucho tiempo sentía que todo tenía un sentido. Sevilla quedaba lejos, y con ella, el pasado, las heridas y los silencios. Aquella librería, ese rincón de Avilés impregnado de madera vieja y olor a papel, se había convertido en el punto de partida de algo distinto. Le escribí poco después de la cena. Un mensaje simple, sin adornos, pero con toda la intención: “Lucía, gracias por hoy. Por la conversación, la sonrisa, y el número. Me encantaría tomar ese café cuando te venga bien. Prometo traer el relato, y no hablar demasiado de literatura (bueno, quizá sí). Abrazo.” No ...