1. Memorizarse


    Fecha: 14/01/2026, Categorías: Hetero Autor: LucasDario, Fuente: TodoRelatos

    ... pasó ni media hora. Su respuesta fue breve, pero cálida: “Mañana salgo a las cinco. Hay una tetería pequeña en la calle principal, con sillones rojos y ventanas grandes. Puedo estar allí a las cinco y cuarto. Me gustará escuchar cómo sigue la historia.”
    
    A la tarde siguiente, llegué con tiempo de sobra. El lugar era encantador, como ella lo había descrito: acogedor, con cortinas gruesas y un aroma a canela en el aire. Elegí un rincón junto a la ventana y pedí dos tazas antes de que ella llegara. Cuando entró, traía el cabello suelto y una bufanda de lana que resaltaba sus ojos. Al verme, sonrió con esa mezcla de timidez y seguridad que tan bien sabía equilibrar.
    
    Durante una hora hablamos de libros, de películas antiguas, de la lluvia persistente y de ese nuevo silencio que ella valoraba tanto en su vida. Me habló de su infancia entre pueblos asturianos, de una abuela que le enseñó a leer con novelas de Agatha Christie, y de cómo siempre había creído que su vida estaría hecha de palabras, no de rutinas vacías.
    
    Yo le hablé de Sevilla, de pasados oscuros y necesidades de renovación. De la convivencia entre la ingeniería y William Faulkner, en aprender a leer con El Barco de Vapor.
    
    En un momento, con el portátil ya sobre la mesa, me atreví a decirle:
    
    —Si quieres... puedo mostrarte el relato desde el principio. Leerlo aquí mismo, si te apetece.
    
    Sus ojos se iluminaron con una mezcla de sorpresa y entusiasmo contenido.
    
    —Claro que quiero —respondió, acercando ...
    ... su silla un poco más.
    
    Giré la pantalla hacia ella y abrí el documento. Lucía comenzó a leer en silencio, con una expresión tan concentrada que sentí que el mundo había quedado afuera. A medida que pasaban los minutos, notaba pequeñas reacciones: el leve ceño de concentración, la curva sutil de sus labios al encontrar una frase que le gustaba, o el leve rubor que le subía por las mejillas al llegar a las escenas más tórridas.
    
    Yo no apartaba la vista de ella. En su rostro tranquilo, sereno, se insinuaban destellos de algo más profundo. De vez en cuando, se detenía a sugerirme algo en voz baja: una palabra mejor aquí, una pausa allá, una mirada que podía durar medio segundo más. Pero cuando llegó a una de las escenas más intensas, noté que su voz bajaba a un tono casi conspirador, y que sus sugerencias eran cada vez más precisas... y más audaces.
    
    La calma exterior de Lucía contrastaba con lo que estaba ocurriendo dentro de su mente. Esa dualidad me fascinaba. Su manera pausada de leer, de comentar con elegancia cada gesto, cada insinuación, escondía una pasionalidad encendida. Era una mujer de silencios largos y mirada tranquila, pero cada palabra que aportaba al relato revelaba una mente ardiente, llena de deseo contenido.
    
    Entonces, se inclinó un poco hacia la pantalla y dijo, con una voz apenas un susurro:
    
    —Aquí puedes hacer que él la sujete fuerte del pelo. A las chicas nos gusta eso. Bueno, no, quiero decir... a esa chica seguro que le gusta que le hagan ...
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