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Memorizarse
Fecha: 14/01/2026, Categorías: Hetero Autor: LucasDario, Fuente: TodoRelatos
... niño y sabe que al día siguiente pasará algo bueno. Me levanté temprano el viernes, hice algo de deporte para liberar tensión y repasé mentalmente posibles temas de conversación, como si se tratara de una entrevista. Pero sabía que con ella nada seguía un plan. Eso era justo lo que me gustaba. Llegué al restaurante diez minutos antes, como quien se protege del caos con la puntualidad. Elegí una mesa cercana al ventanal, desde donde podía ver la calle adoquinada y algo de la entrada. Pedí una copa de vino para calmarme y no hacer el ridículo cuando apareciera. Y entonces apareció. Literalmente, se me escapó el aliento. Lucía cruzó la puerta como si el local entero girara en torno a su figura. Llevaba un vestido negro, entallado en la cintura y con escote en "V" discreto pero hipnótico. La tela abrazaba su cuerpo de forma elegante y sutil, sin caer en lo obvio. El bajo le llegaba justo por encima de las rodillas, dejando al descubierto unas piernas estilizadas rematadas por unos botines de tacón fino. Su melena pelirroja estaba suelta, con suaves ondas que enmarcaban su rostro, y el maquillaje, aunque sobrio, acentuaba sus ojos de forma magnética. Era ella, sin duda. Pero también era otra. Una versión de sí misma que había decidido brillar sin pedir permiso. Se acercó con una sonrisa ladeada y, antes de que pudiera articular palabra, dijo: —Ya que vas a invitar tú... había que tomárselo en serio. Nos reímos y el hielo quedó hecho trizas. Nos sentamos y ...
... comenzamos a charlar con naturalidad, como si siguiéramos una conversación interrumpida apenas un minuto antes. Durante la cena, Lucía se abrió sin dramatismos, pero con sinceridad. Me habló de su última relación: una historia marcada por la incomunicación, los celos y una rutina emocional que la había vaciado por dentro. No se victimizaba, pero era evidente que había cargado durante años con la sensación de estar malinterpretada, tanto en lo que pensaba como en lo que deseaba. Me habló también de su jefe, del ambiente asfixiante de la cafetería, de cómo todo le hacía sentir invisible y gris. Yo le conté lo que significaba para mí estar en Avilés, tan lejos de Sevilla y de todo lo que había sido mi zona de confort. Le hablé de mi divorcio, de mis ganas de resetear, de reencontrarme. Y de cómo, sin buscarlo, había empezado a encontrar algo que ni sabía que necesitaba. Cuando trajeron los postres, el restaurante ya estaba prácticamente vacío. Nos quedamos en silencio un momento, escuchando la música suave y el repiqueteo de la lluvia contra los cristales. Entonces, con una chispa de picardía en los ojos, Lucía volvió al tema con el que todo había empezado: —Y dime... ¿desde cuándo te gusta escribir relatos eróticos? Solté una risa corta, algo pillado por sorpresa. —Hace años, en realidad. Al principio por curiosidad, luego porque descubrí que me ayudaba a entender mis propios deseos. Y porque me gusta imaginar escenas cargadas de tensión, de atmósfera... no sólo ...