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Memorizarse
Fecha: 14/01/2026, Categorías: Hetero Autor: LucasDario, Fuente: TodoRelatos
... salía. Pero no tardamos en volver a un gran nexo de unión entre ambos. —Tú escribes relatos eróticos como quien pinta cuadros, ¿sabes? —dijo ella, girando su copa con los dedos—. Hay algo muy visual en tu forma de narrar. Y... no sé, cuando los leo siento que están escritos por alguien que entiende bien lo que excita, pero también lo que conmueve. —Me interesa mucho ese punto intermedio —respondí—. Cuando el deseo nace de una conversación, de una mirada larga, de un gesto pequeño. La tensión antes del contacto me parece a veces más poderosa que el acto en sí. Ella asintió lentamente, con una media sonrisa. —Totalmente. Hay escenas tuyas que recuerdo y que... bueno, me hacen desear haberlas vivido más allá de mi imaginación. Me hacen sentir. No sólo por lo que hacen los personajes, sino por cómo se lo dicen, cómo se lo callan. —Lo que no se dice, pero está a punto de estallar... —Exacto. Como ahora —dijo ella, alzando una ceja, sin apartar la vista de la mía. El silencio que siguió fue denso y eléctrico. La conversación había cruzado una línea invisible. Ya no hablábamos de personajes ni de textos. Estábamos describiendo, sin decirlo del todo, lo que flotaba entre nosotros desde hacía días. Y ese juego de ambigüedades, de ficción que rozaba la piel de lo real, lo hacía todo aún más intenso. Mi copa seguía medio llena, pero habría jurado que mis labios ya no la probaban desde hacía rato. Lo mismo parecía pasarle a ella. Nos habíamos acomodado sin ...
... darnos cuenta: los cuerpos más cerca, los codos casi rozándose, las piernas giradas el uno hacia el otro, como si estuviéramos protegiendo ese pequeño refugio que habíamos creado en la esquina del local. Lucía hablaba con la voz baja, templada, pero cada palabra suya iba vestida con una carga que me recorría la espina dorsal. Yo respondía con frases que no sabía si eran de escritor o de hombre seducido, pero que ella acogía con esa media sonrisa suya que, por momentos, se volvía descaradamente sugerente. En un instante que no supe bien cómo se dio, nuestras piernas se tocaron. No fue intencionado, pero tampoco fue un accidente. Ninguno de los dos se retiró. Al contrario: fue como una señal silenciosa de que las palabras, por muy bien construidas que estuvieran, estaban a punto de quedar obsoletas. Ella giró un poco la cabeza, dejando que su pelo rozara su mejilla, y me dijo: —Hay un punto en tus relatos donde todo se detiene... justo antes del primer beso. Como si el mundo contuviera la respiración. Su voz, apenas un susurro. —Creo que estamos en ese punto ahora —respondí sin pensar, sin filtro. Ella me miró de forma distinta entonces. No como lectora ni como amiga ni como cómplice literaria. Me miró como mujer. Como alguien que estaba tan cerca del deseo que ya no quería nombrarlo, sino vivirlo. Me acerqué unos centímetros. Ella no se movió. Al contrario: sus dedos se apoyaron levemente sobre mi rodilla, como si anclara el momento, como si le diera ...