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Memorizarse
Fecha: 14/01/2026, Categorías: Hetero Autor: LucasDario, Fuente: TodoRelatos
... verdad. Ella me tendió el cambio y añadió: —Me parece bonito. Si algún día quieres compartir alguno... bueno, estaré encantada de leerlo. La idea me dejó paralizado unos segundos. Pero su mirada no era burlona, ni inquisitiva. Solo cálida. Como si, por primera vez, me invitara a entrar un poco más en su mundo. Poco tiempo después, una tarde tranquila con el local casi vacío, reuní el valor. Había llevado una copia del relato que había estado escribiendo, tal y como estaba hasta ese momento. Mientras ella secaba unas copas detrás de la barra, me acerqué. —Oye... el otro día dijiste que te gustaría leer algo mío. Bueno, si sigues queriendo... —dije, ofreciéndoles las hojas impresas. Ella se secó las manos con el delantal y tomó el papel con curiosidad contenida. Se sentó en uno de los taburetes del rincón, cruzó las piernas, y comenzó a leer. Volví a mi mesa y fingí revisar correos, pero en realidad no dejaba de observarla de reojo. Su expresión era una mezcla de concentración, sorpresa y... ¿diversión? Cada tanto, una comisura de sus labios se curvaba apenas. Luego, su mirada se tornaba más seria, más lenta, como si digiriera cada palabra. Cuando terminó, levantó la vista y la dirigió hacia mí. Había algo nuevo en sus ojos. Tal vez una sombra de deseo, tal vez solo ternura. Pero definitivamente, algo había cambiado. —Es precioso. Es muy honesto... y muy sugerente —dijo al fin, con una voz que parecía salida de otro lugar, más íntimo. Yo no ...
... pude más que asentir en silencio, sintiendo que, por primera vez en mucho tiempo, me estaban viendo de verdad. La siguiente vez que entré en la cafetería, algo fue distinto desde el primer instante. Ella estaba detrás de la barra, como siempre, pero había algo en su aspecto que había cambiado. Un toque sutil de maquillaje acentuaba su mirada, y llevaba una camiseta más ceñida que resaltaba, de manera delicada pero innegable, su figura. Su melena rojiza parecía más suelta, más viva. Me acerqué con una sonrisa, titubeando antes de hablar. —Hoy estás... distinta. Más luminosa. Espero que no suene demasiado atrevido decirlo. Ella bajó un instante la mirada y sonrió, como si no pudiera evitarlo. —No es atrevido si es sincero. He soltado algo de lastre —dijo, mientras limpiaba una taza con ritmo pausado. No necesitaba decir más. Supe, con esa intuición que a veces roza lo certero, que había dejado a su novio. El tono de su voz, la forma en que respiraba, la postura más erguida... todo hablaba de una decisión valiente y necesaria. —Solo me queda dejar a mi jefe. Pero eso... eso llevará un poco más de tiempo —añadió con una media sonrisa cargada de ironía. No dije nada. Solo asentí con una seriedad que esperaba transmitiera apoyo, sin preguntas. Poco después, la vi con un nuevo libro en las manos. Otro clásico de la novela negra. Reconocí la portada de “El cartero siempre llama dos veces” y no pude evitar sonreír. Yo, por mi parte, me sentía cada vez más ...