1. LNE (2). Berenjena y mandarina


    Fecha: 18/01/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos

    ... como papel.
    
    —¡Qué milagro! El señor de los disfraces aparece con su cara de "hoy me gané el premio al padre presente".
    
    —Hola, Esther —dijo, con el tono de alguien que intenta evitar una escena pública durante un musical infantil.
    
    —Y encima llegas con esa pinta de… ¿qué es eso? ¿Outfit de divorciado en proceso de redención?
    
    —Esto se llama chaqueta funcional con bolsillos. Me la recomendó un algoritmo.
    
    —A ese algoritmo deberías pedirle terapia y custodia compartida.
    
    César respiró hondo. Inés apareció justo a tiempo para suavizar el momento.
    
    —Hola, hola. ¿Todo bien por aquí?
    
    Esther cambió de tono de inmediato.
    
    —Perfecto, Inés. Solo felicitando a mi ex marido por lograr vestirse solo.
    
    Inés rodó los ojos y le entregó una bolsa con meriendas a César.
    
    —Tienes que repartir estas a los niños después del acto. Yo llevo los zumos. Intenta no equivocarte de grupo.
    
    —¿Niños sin gluten o sin lactosa? —preguntó, revisando etiquetas.
    
    —Sin caos, por favor —dijo ella, sonriendo de lado, y le contempló repartir las bolsas de las meriendas, bromeando con los niños, jugando, alborotándoles el pelo -he ahí un padre sin experiencia en piojos, pensó -, y provocando algunas risas y estallidos de grititos.
    
    A lo lejos, Lluvia dio una señal y todos se alinearon. César se colocó entre los padres voluntarios, y justo antes de empezar el desfile, notó a Inés enviándole una nota con una hoja de roble pegada.
    
    “Te salió mejor de lo que esperaba, ardillita. ¿A quien ...
    ... le has robado el disfraz?”
    
    Sonrió. Tal vez no todo estaba perdido. Solo necesitaba una buena dosis de desastre controlado.
    
    Fue su último pensamiento antes de que un niño gritase al borde la histeria.
    
    -¡¡Mi bocadillo lleva frutos secos!! ¡¡MI BOCADILLO LLEVA FRUTOS SECOS!!
    
    ***
    
    El festival había terminado. Niños agotados, padres arrastrando mochilas y bolsas como los soldados derrotados de Napoleón retirándose de Rusia. César recogía restos de zumos y papel de aluminio del suelo del aula de psicomotricidad cuando Esther entró a paso firme, con una bolsa en una mano y su indignación bien planchada.
    
    —Podemos hablar. Sin testigos —dijo, sin darle opción.
    
    César suspiró. Dejó el cartón de zumo sobre una mesa infantil con dibujos de unicornios, y se cruzó de brazos.
    
    —Siempre un placer.
    
    —No me hagas sarcasmos. Hoy no. Estoy agotada.
    
    —Bienvenida al club. ¿Qué pasa ahora? ¿Mi camisa? ¿Mi peinado? ¿Mi incapacidad innata para hacer algo sin improvisar? ¿Mi don para olvidar alergias alimentarias?
    
    Esther lo miró por un segundo con una chispa de compasión. Rara. Peligrosa.
    
    —No. Estoy... confundida. Me pasa algo raro. Verte aquí, haciendo esfuerzos absurdos, sudando con carteles y disfraces, compartiendo tiempo con Sergio y los niños... No sé si me dan ganas de reír o de llorar.
    
    —Eso es progreso, ¿no? Antes solo querías lanzarme objetos pesados.
    
    —No te creas. A veces me entran ganas de escribir un manual titulado “Cómo sobrevivir al padre de tu hijo ...
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