1. LNE (2). Berenjena y mandarina


    Fecha: 18/01/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos

    ... sin ingresar en una secta.”
    
    —Podría ayudarte con el subtítulo. “Incluye recetas sin gluten y técnicas de gestión de las emociones.”
    
    Esther sonrió. Le odió por eso.
    
    —¿Sabes qué me fastidia más? —preguntó, bajando la voz—. Que cuando haces las cosas bien, de verdad, se te ve distinto. Como si aún quedara algo de aquel tipo que yo pensaba que eras. Y eso... molesta.
    
    —No sé si eso es un halago, una amenaza o una indirecta para volver a terapia.
    
    —Las tres. Pero más que nada, es una advertencia: no te creas que con un disfraz de ardilla y una sonrisa vas a arreglar todo. El niño merece constancia, no fuegos artificiales.
    
    —Lo sé —dijo él, más serio—. Estoy en proceso. Aunque a veces me pierdo en el camino... como hoy con las meriendas de los celíacos.
    
    Esther lo miró largo. Había cariño debajo de esa rabia enquistada. Pero también un cansancio profundo. Luego simplemente dijo:
    
    —Solo no la cagues, ¿vale? Otra vez, quiero decir. Tenemos que hablar de Sergio. ¿Mañana a las ocho y media en casa?
    
    Y se fue.
    
    ***
    
    Esa noche, ya con todo recogido, César se quedó sentado en un banco fuera del colegio. Miraba su móvil sin atención. Inés apareció con una chaqueta larga y un vaso térmico en la mano.
    
    —Pensé que te habías ido hace rato —dijo, sentándose a su lado.
    
    —Estaba pensando. Mal hábito.
    
    Ella le ofreció un sorbo de su té. Él lo aceptó sin hablar. Durante un rato no dijeron nada. Luego Inés habló, mirando al frente.
    
    —Vi a Esther entrar. ¿Te dio la ...
    ... charla “padre improvisado”, la de “tienes estar más presente”, la de “madre desbordada que te necesita” o la “ex que aún se acuerda del viejo tú”?
    
    —Una mezcla. Como una cata de decepciones.
    
    Inés rio suave, tras unos momentos de silencio, le miró con algo parecido a un nuevo afecto, a estrenar.
    
    —Tú no eres malo, César. Solo... un caos con patas. Pero el caos también puede tener gracia. A veces.
    
    —¿Eso fue un cumplido?
    
    —No lo cuentes por ahí. Lo negaré todo.
    
    Silencio de nuevo. Se oía una lechuza y el murmullo de hojas secas. El colegio por la noche parecía otro mundo.
    
    —Gracias por salvarme con las meriendas —dijo él, sincero.
    
    —De nada. Sabía que ibas a fallar, así que preparé un plan B. Soy práctica.
    
    —Y desconfiada. No me habías dicho nada de la merienda kosher.
    
    —Y madre soltera. Viene en el pack.
    
    Él la miró con respeto. Incluso con algo más profundo. Inés, en su mundo meticuloso y algo neurótico, lo había protegido sin alardes. Sin exigencias. Solo con cuidado.
    
    —A veces no sé por qué me aguantas —confesó él.
    
    —Ni yo. Supongo que me caes mal, pero me das pena. Y eso en mí es casi cariño.
    
    Rieron los dos.
    
    Inés se levantó y dijo:
    
    —Vamos. Mañana hay cole y tú seguro ya has perdido otra vez el horario de recogida.
    
    —Lo he apuntado en el brazo. Con rotulador permanente.
    
    —Eso sí me lo creo.
    
    -Pero fue en el brazo de otro, en el gimnasio.
    
    Se fueron caminando juntos, sin decir nada más, como quien entiende que a veces una incipiente ...
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