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Soy hijo de puta Libro II // Cap. 2
Fecha: 23/01/2026, Categorías: Incesto Autor: JOS LIRA, Fuente: TodoRelatos
... estrecho y cálido coño. —¡Ufff! —farfullo mientras las caderas de Amelia hacen círculos sobre la superficie de mi pene. —Yo podría prohibirle a mi encantadora niña que teje de verte —me dice con la voz colmada de lascivia—, pero nada de lo que le prohíba surtirá efecto realmente, dado que los hijos son así de volubles y desobedientes… ellos van contra las reglas que las madres les imponemos, y con tal de fastidiarme, Esther me llevará la contraria con lo que le prohíba. Mi polla encuentra mucha resistencia cuando intenta entrar profundamente en su humedal. Su coño está verdaderamente apretado. No importa su edad ni su actividad sexual, su agujero sigue siendo estrecho y pegajoso. —¡Pero… Amelia! —¿Pero qué? Amelia se sienta un poco más sobre mi verga y yo elevo mis caderas para que la penetración sea consistente. Apenas se ha comido la mitad de mi erección. —¡Eso que me pides es cruel…! —digo, mientras ella continúa con el rostro de perra en celo. —¿Cruel? Nadie se muere de amor... querido… —¡Pero sus sentimientos…! —¿Qué importan sus sentimientos? Mientras Amelia se entierra mi pene en el interior de su carnoso sexo, contonea sus caderas en círculos para que mi falo se restriegue en cada célula de su gruta, por lo que mi glande comienza a cosquillear. —¿Es que no la quieres… a tu hija…? Sin llegar a comérsela entera, Amelia vuelve a elevarse, justo a tiempo para que mi polla salga por completo de su vagina, excepto mi glande. Luego, ...
... con un deshecho brutal, vuelve a sentarse sobre ella. —¡Ufff! —jadea ella con una demoniaca sonrisa—… Precisamente, Kike, lo que pretendo lo hago por su bien. Ella está teniendo dudas sobre casarse con el imbécil de Esteban. Lo noté perfectamente la noche de compromiso. Y yo no voy a permitir que por sus estúpidas debilidades, arruine su futuro y el mío. ¡Aaah! Sin terminar de jadear, se deja caer sobre mi pene por completo, y finalmente su culo queda posado en mis muslos. Se ha comido todo mi sexo, y ella comienza a menearse en círculos sin sacarse un ápice. —¡Ufff! —bufo cual toro en brama. Y entonces ella comienza a cabalgarme, y mi pene bate sus caldos calientes y ella comienza a subir y a bajar con ímpetu. —¡Hijo de perra! —grita, montándome como una diosa. De un momento a otro la celeridad es tal que sus tetas escapan del corsé y ambas enormidades comienza rebotar de arriba abajo. —¡Pero lo que pretendes es… perverso! —grito. —¡Perverso es cogerse a su patrona! ¡Hummm! ¡Cobrar por preñarla, sin importar que su marido es un perfecto cornudo, Kike, ¿ahora vas de doble moral? ¡Ah! ¡Ah! ¿A caso lo que le estamos haciendo a mi marido no es “perverso”? Sus nalgas rebotan contra mis piernas y el humedal que escapa de su empapada vagina rezuma sobre mi falo y mis huevos. —¡Pero esto es diferente, Amelia… se trata de tu hija! Sus tetas no dejan de rebotar. Y me lamento no tener mis manos sueltas para amasárselas y pellizcarle los pezones hasta que ...