-
Soy hijo de puta Libro II // Cap. 2
Fecha: 23/01/2026, Categorías: Incesto Autor: JOS LIRA, Fuente: TodoRelatos
... una cerda de verdad han llegado a tales extremos que el otro día me pidió que le comprara una cola de puerca en forma de plug, y se lo pusiera cada vez que la cogiera. Y es así como está ahora, recibiendo mi verga por su hendidura vaginal, mientras su recto está ocupado con el plug rosado del que desprende una cola que se riza al caer. —¡Que la patrona se ha…! ¡Aaaammm! ¡Se ha… metido… en la cama… con algunos novios que ha tenido la niña Esther! ¡Aaaahhh! Pero solo los que están buenos como tú… ¡hummm! —¿De veras… Amelia se ha metido con sus yernos? —Sí… ¡Así, así, dame duro! Pese a su volumen, Odalia es una mujer bonita, pelirroja para más señas, aunque evidentemente no natural. Y le encanta la verga. Dice que durante las últimas semanas, ha cogido más conmigo que con el cornudo de su marido en años. —¿Se ha cogido a todos los novios de Esther? —Ufff… bueno… que tampoco son tantos… serán tres o cuatro… y de esos sólo dos eran guapos… —¿A Esteban también? —¡De ese no sé… sería el quinto novio, pero como tiene cara de tarado… a lo mejor a ese no! Menuda guarra está hecha mi mami, ¿llegar a esos extremos? ¿Cogerse a los novios de mi hermana por simple maldad? ¿Por qué lo hacía entonces? ¿Para destruir las relaciones amorosas de su propia hija? ¿Para hacerla sufrir? ¿Para competir contra Esther y ver si a su edad aún es capaz de seducir un joven de mi edad? —¿Cómo lo sabes, cerdita, que Amelia se acostó con ellos? —¡Se sabe… Kike… sólo se sabe…! ...
... ¡Todo se sabe… en esta casa…! ¡Ufff, que pollón tienes cabrón! —¿A qué te refieres a todo, cerdita? —me alarmé por un momento, sabiendo lo que me atañía a mí con mi mami. —Bueno ¡Hummm! En realidad no sé si todo… pero sí algunas cosas…. —¿Por ejemplo? —Como lo que se traen ustedes dos. Mi verga, dura como un mástil, siguió clavándose muy fuerte en su interior, provocándole aguas tibias que salían de su hendidura en cada embestida. —¿Nosotros dos? ¿Nosotros quienes? ¿Esther y yo? —No, Kike, lo que se traen la patrona y tú… Mi sentido de supervivencia me alertó de lo que me estaba diciendo y sentí una punzada en los huevos. ¡Mierda! No sólo Esther lo sabía… ¿ahora también lo sabía la servidumbre? O sea que, según mis cuentas, el único que faltaba de enterarse era el cornudo, y cuando lo hiciera, o me mandaba matar… o se moría él de un infarto, como lo predijo Esthercita. —¿Amelia y yo? —me hice el pendejo, redoblando las embestidas. —Sí… ¡uf, cabrón! ¡Sí, Kike…! ¡Dame fuerte… aprovecha ahora que casi no hay nadie en casa…! —No digas mamadas, puerquita, ¿quién te dijo que la patrona y yo tenemos algo…? —Mamadas las que te da esa perra… ¿no, Kike? —se carcajeó—, por eso esa puta anda tan feliz siempre… porque si te la cojes igual de rico que a mí, ¿cómo estar amargada? ¡Pobre de don Urbano! —¿Qua Amelia y yo nos acostamos, cerdita? ¡Naaah! —hice mi último intento por convencerla de que se equivocaba. —Todo el mundo lo sabe en esta casa ...