-
Soy hijo de puta Libro II // Cap. 2
Fecha: 23/01/2026, Categorías: Incesto Autor: JOS LIRA, Fuente: TodoRelatos
... sus amigas o debe de realizar actividades que no quiere que yo conozca, ella suele prescindir de mis servicios y es cuando yo descanso. —¿Puedo pasar? —pregunto desde afuera de su despacho al presentarme ante él. —La puerta está abierta, entra, luego cierras. Pon el seguro para que nadie nos moleste —contesta desde el interior, con esa clase de entonación en la voz que me remonta a los días en que ella suele andar como perra en brama. Hago lo que Amelia me ordena, y después de cerrar con seguro, fijo mis ojos hacia el fondo del despacho. Ella está de pie, delante del escritorio, con el culo apoyado en la superficie de madera. Como siempre, su rostro es sensual y misterioso. Sus ojos color zafiro penetrantes, y sus labios carnosos, curvados y sexys, pintados de rojo. Su rostro está maquillado, pero no demasiado, solo la cantidad justa. Se ve absolutamente hermosa. Las extensiones rubias de su cabello acariciando los bordes del preludio de sus nalgas evidencian su lado más salvaje. Y su piel blanca como la leche contrasta con la negrura de su atuendo, que es lo que verdaderamente la hace ver inquietante y arrolladora, sobre todo porque son unos pantalones de látex que lleva puestos, de tipo sado, que se untan perfectamente a su silueta. Arriba lleva puesto un corsé que se acomoda de manera deliciosa a su torso, dejando expuesta la mitad de sus pechos lechosos a través de ese exquisito escote. —¿Por qué estás vestida como dominatrix? —me atraganto. Amelia ...
... enarca una ceja, y frunce sus carnosos labios. —Desnúdate y ponte de rodillas, Kike. —¿Qué? —pregunto extrañado. —Haz lo que te digo y quita esa cara de estúpido —me ordena. —¿Pero? —me sorprendo ante su rotunda petición. Casi me desconcentro al contemplar las abultadas tetas blancas que resaltan en su apretado corsé. Dos redondas y enaltecidas tetas que parecieran tratar de explotar dentro del atuendo. —¡Que te pongas de rodillas, cabrón! —exclama. —¿Por qué…? ¿Para qué? No importa cuántas veces la haya follado y vejado en la intimidad. En horario laboral Amelia es la misma perra de siempre que ama tener el control de todo. Quizá por eso me fascina. —Porque se me da la puta gana, Kike, ¿te olvidas de que sólo eres mi esclavo y yo tu jefa, y que te pago justamente para que hagas lo que te ordeno? Esta mujer tiene los pechos naturales más enormes que he visto jamás, y la sensación de mirarlos apretados uno contra el otro, bajo ese atuendo de látex, me excita lo mismo o hasta más que cuando se los veo sin ningún sujetador. —Okey, okey —accedo, sólo por el placer de saber que posiblemente nos espera ese tipo de jueguitos que tanto me excitan. —Vamos a jugar un juego muy especial esta tarde, Kike —modula su voz, poniéndose completamente de pie. Las botas negras de cuero resuenan en el piso cuando avanza hacia mí. —¿Ah, sí? —me pongo caliente de facto. Mi falo comienza a palpitar y mis testículos se contraen por dentro. Amelia avanza ...