1. Maestra… ¿Se acuerda de mí?


    Fecha: 23/01/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Escritorzuelo, Fuente: TodoRelatos

    ... pero no se vaya a molestar —dije.
    
    —Tranquilo —dijo presionando sus labios hacia adentro—, quiero escucharlo.
    
    —Era su trasero —dije tímidamente, pero tras decirlo me sentí liberado.
    
    Ella se mordió el labio superior.
    
    —¿Te gustaba mi trasero? —dijo.
    
    —Si —dije—. No podía perder de vista su culo.
    
    —Eso es bastante sexual para haber sido solo un crio —dijo—. No estarás diciendo eso basado en como lo tengo ahora, ¿cierto?
    
    —Se sorprendería de lo que podía llegar a pasar por mi cabeza en ese entonces.
    
    Se me quedó mirando fijamente.
    
    —Cuando llegué usted ya estaba sentada en este lugar —dije—, pero seguramente sigue teniendo un muy buen trasero.
    
    Su gesto lentamente fue convirtiéndose en una sonrisa algo contenida.
    
    —Tengo que ir al baño —dijo poniéndose de pie y haciendo un movimiento con sus cejas.
    
    Al darme la espalda mis ojos directamente se fueron a su trasero, lo que había sido su intención; tenía las caderas anchas, muslos voluminosos y el culo abultado. Estaba usando un pantalón beige que se le ceñía en el culo y muslos y que se soltaba de las rodillas hacia abajo.
    
    —Virgen santísima —pensé—. Si antes lo tenía bien, ahora me parece que lo tiene mejor. Es el mejor culo que he visto en un largo rato… o no sé si solo me lo parece así porque es el de una maestra... mi maestra. Además, se puso algo cachonda, la tengo casi en el bolsillo, si juego bien mis cartas esta noche cumplo una fantasía.
    
    Al regresar se sentó nuevamente frente a mí.
    
    —Y… ...
    ... ¿qué te parece? —dijo.
    
    —Notable… —dije sonriendo.
    
    Sonrió sorprendida.
    
    —¿Me has calificado el culo? —dijo.
    
    —Y ha aprobado —dije—. El mejor de la clase.
    
    Se partió en risas. Se le veía ya algo ebria.
    
    —Julia —dije—. No te he preguntado, pero qué hace una mujer como usted en un bar como este, ¿esperaba alguna colega?
    
    —No —dijo—. Verás… mi esposo falleció hace ya un año y yo, bueno, me he sentido un poco sola —lo dijo mirándome a los ojos, sin vergüenza, ni nada, tenía claro lo que había venido a conseguir y no temía decirlo.
    
    —Mi piso está cerca —dije.
    
    Sonrió de forma bastante contenida.
    
    —Eres muy joven —dijo—, fuiste mi alumno. No tenía la intención pasar la noche charlando con alguien de tu edad.
    
    —Si me da la oportunidad, puede que se sorprenda —dije mirándola fijamente.
    
    —No esperarás que me acueste contigo —dijo—, fuiste mi alumno. Solo un niño.
    
    La continué mirando fijamente.
    
    —Ya deja de mirarme así —me dijo.
    
    —¿Cómo?
    
    —No sé, no sé —dijo—. Solo deja de hacerlo.
    
    —Está bien, Julia, pero no tiene mucho sentido que los dos nos vayamos de aquí a dormir solos en nuestras camas —dije—. Usted vino aquí buscando alguien con quien acostarse y yo igual. Después de veinte años nos reencontramos cuando estábamos buscando exactamente lo mismo.
    
    Su rostro vislumbró una pequeña sonrisa.
    
    —Está bien —dijo—, vamos.
    
    —¡Sí! —pensé mientras apretaba el puño de forma triunfal.
    
    Nos levantamos, pagué la cuenta y abandonamos el bar. Al salir nos ...
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