1. Maestra… ¿Se acuerda de mí?


    Fecha: 23/01/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Escritorzuelo, Fuente: TodoRelatos

    ... dimos un besito, un pequeño y breve, sin lengua, pero sirvió para ponerme a tope… y a ella también. Luego nos fuimos caminando a mi piso. Una vez me atreví a poner mi mano en su culo, no la quité en todo el camino. No hablamos mucho, yo a penas y podía ligar una palabra con otra de forma congruente, y ella solo se dedicaba a mirarme, sonreír, o jugar con sus labios.
    
    —¿Funciona? —preguntó mirando hacia el elevador al entrar a la recepción.
    
    —Sí —dije—, pero tiene una cámara —añadí sonriendo al intuir sus intenciones.
    
    —Mmmm… que mal —dijo—, te hubiese comido la polla.
    
    —No hubiese dado tiempo —dije—, vivo en el primer piso.
    
    Le apreté glúteo con fuerza.
    
    —Como te gusta mi culo —afirmó mirándome a los ojos.
    
    Al entrar al piso nos besamos desaforadamente. Mi camisa voló hacia un lado, mi cinturón hacia otro, me bajé los pantalones y seguidamente arrojé mis boxers hacia otro lado. Me había quedado en bolas y ella seguía completamente vestida.
    
    —Maestra…
    
    —Qué —dijo admirando mi cuerpo—. Ya te he dicho que me puedes llamar por mi nombre.
    
    —Es que decirle maestra me pone más —dije.
    
    Sonrió. En un impulso llevé ambas manos a su camisa y con rudeza tiré en direcciones contrarías, haciendo que los botones reventasen. Sus maduras tetas, sostenidas por un brassier, quedaron expuestas. Me miró asombrada y tirando de su culo la junté a mí. Quería sentir esas tetas contra mi pecho. Luego fijé su rostro con ambas manos y la besé, la besé, la besé.
    
    —Daté la vuelta ...
    ... —dije.
    
    Lo hizo y rodeándola con mis manos, desajusté el botón de su pantalón y agachándome se lo fui bajando hasta dejarle el culo finalmente descubierto. Lo tenía firme y un poco glutinoso.
    
    —Vas a cumplir tu sueño de niño —dijo.
    
    —Como no tiene usted idea —dije bajándole las bragas. Eran unos cacheteros de encaje.
    
    Le vi bien el culo, tenía los cachetes pegados y algunos hoyuelos diminutos y superficiales, como si se fuera sentado sobre una piedritas. Sujeté sus carnosas nalgas con ambas manos, se las separé y hallé su rugoso ano. Había visto unos cuantos ya, pero este había sido el que más me había gustado; limpio, seco, solo un tono levemente más oscuro que el resto de su piel… lo encontraba apetecible. No tardé en pasarle la lengua, primero una rápida lamida para humedecer y después de forma punzante, pero sin penetrar del todo.
    
    —Oh… oh… oh… dios mío —dijo—, pero… oh… oh… ¿qué maravilla es esta?
    
    Mis manos se aferraban agresivamente a sus glúteos, manteniéndolos separados para seguir devorándole el culo.
    
    —Joder… off… joder… —dijo—, que delicia, no te detengas chaval, no te detengas—. Lo decía como dándome indicaciones, como si estuviera experimentado y hubiese dado en el clavo, en el punto óptimo de placer, pero en realidad yo sabía muy bien lo que hacía, era un orgulloso come culos.
    
    —Mmmm… mmm… mmm… oh... oooh… madre mía, joder, nunca me habían hecho esto… —dijo mientras se frotaba ella misma el coño sin parar.
    
    Veinte años habían pasado desde la ...
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