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Malas elecciones II (Final)
Fecha: 01/02/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Peter28, Fuente: TodoRelatos
... El aroma del aire reciclado mezclado con queroseno le resultó extrañamente liberador. Al pasar por la puerta, saludó a la azafata con una sonrisa cortés. Se acomodaron en sus asientos. Pablo junto a la ventana, Tere al otro lado del pasillo. Darío en el medio. Se ajustó el cinturón, miró por la ventanilla y vio cómo el cielo comenzaba a llenarse de luz. En ese momento, encendió el teléfono vibró una última vez. Cristina. Dejó un mensaje Miró la pantalla, dejó que sonara hasta el final y luego lo apagó por completo. En Barcelona, Cristina sintió que la llamada había muerto al otro lado, no por falta de señal, sino por decisión. Se dejó caer en la silla y apretó los ojos con fuerza. En su cabeza, una sola frase se repetía como un martillo: Lo sabían. Siempre lo supieron. En barajas madrid eran las 11:15, cuando el avión comenzó a rodar por la pista. Darío apoyó la cabeza en el respaldo y cerró los ojos. No para dormir, sino para grabar en su memoria el instante exacto en que todo quedaría atrás. - Al despegar Padre e hijos se tomaron de las manos y a pesar de la traición, y de que jamás podrían perdonarla. Una parte de ellos la amaba y la extrañaba. Cristina - Nunca imaginé que un aeropuerto pudiera sentirse tan frío. Bajé del avión arrastrando la maleta de mano y con la bufanda todavía sobre el cuello, esperando verlos… a ellos tres. Imaginaba la sonrisa de Tere, el gesto serio pero familiar de Pablo, la mirada calculadora de Darío… pero ...
... el hall del terminal estaba vacío para mí. Miré una vez, dos veces. Revisé alrededor, pensando que quizás se habían retrasado. Ni un rostro conocido. No quise quedarme ahí, como una idiota, esperando. Tomé un taxi sin pensar demasiado, como si la urgencia de llegar a casa fuera un instinto. Todo el camino estuve mirando por la ventana, con una incomodidad que no entendía. Era como si algo me apretara el pecho. Cuando el taxi se detuvo frente a la puerta, el silencio fue lo primero que me golpeó. Ni risas, ni pasos, ni música. Solo la cerradura, cediendo ante mi llave. Entré. Lo supe al instante. El vacío no era solo en el aire: estaba en la casa. El perchero sin los abrigos de ellos, los estantes desnudos, el olor diferente… como si alguien hubiera abierto todas las ventanas y dejado escapar nuestra vida. Di dos pasos y lo vi. Sobre la mesa del salón había dos sobres. El primero, más grueso, llevaba mi nombre. Lo abrí con las manos temblorosas: papeles de divorcio. No me sorprendió tanto como me dolió. El segundo sobre era más delgado, pero el peso en mi estómago me decía que pesaba toneladas. Lo abrí. “Sabemos todo. Lo vimos todo. Sabemos quién es él, lo que hiciste, y dónde lo hiciste. No intentes buscarnos: no nos volverás a ver. Es inútil. Vive con lo que has hecho.” Mi respiración se volvió corta. Sentí un calor subir por mi cuello, como si la vergüenza fuera fuego líquido. En la última línea, un párrafo: “Enciende la televisión. Canal 3. ...