1. Atelier


    Fecha: 03/02/2026, Categorías: Transexuales Autor: Voluptas, Fuente: TodoRelatos

    ... hablaba ahora, si no sacaba lo que lo estrangulaba por dentro, iba a enloquecer.
    
    Sin pensarlo, la tomó de los brazos, con una intensidad que lo sorprendió incluso a él.
    
    —Siéntate… por favor —le dijo, guiándola hacia una de las sillas.
    
    Ella lo miró con cierta sorpresa, pero no se resistió. Lo siguió. Se sentó, cruzando una pierna con elegancia.
    
    Y él empezó a hablar.
    
    Las palabras salieron como agua de una represa rota. Sin orden, sin lógica. Solo verdad.
    
    —Desde chico… desde que tengo memoria… estoy rodeado de mujeres. Mi madre. Mi tía. Nunca hubo hombres en casa. Nunca me sentí uno de ellos… los de aquí. Los de la congregación. Siempre me parecieron… ajenos. Extranjeros. Y yo fingía… todo el tiempo.
    
    La miró. Sus ojos brillaban, pero no lloraba.
    
    —Cada vez que una clienta se probaba un vestido… cada vez que veía una cintura marcada por un corsé, o cómo una faja abrazaba la piel… algo dentro de mí se encendía. No era deseo por ellas. Era deseo por mí. Por ser yo quien llevara eso. Por ser yo quien provocara esas miradas. Por sentirme… vista.
    
    Alicia no hablaba. Solo lo escuchaba. Atenta. Imperturbable.
    
    —Y tú… —continuó, con voz apenas audible—. Siempre fuiste un punto ciego. Una herida abierta. Nunca quise tocarte. Quise… ser tú. Tener tu fuerza. Tu presencia. Ese magnetismo que atraía a todos, incluso cuando no hacías nada. Incluso cuando fingías ser una más.
    
    Tomó aire. No podía parar.
    
    —Y entonces, Eliane. Ese perfil. Esa foto que no debía ...
    ... subir. Fue la primera vez que sentí… que no estaba fingiendo.
    
    Se quedó en silencio. El pecho le dolía. Como si acabara de correr kilómetros.
    
    Bajó la cabeza.
    
    Y esperó.
    
    Como si esperara un veredicto.
    
    Alicia no habló enseguida. Solo lo observó. La intensidad de su mirada no era violenta, pero sí aplastante. No era la compasión que Elías tal vez esperaba. Tampoco un juicio.
    
    Era algo más… afilado. Cálido y cruel al mismo tiempo.
    
    Finalmente, ella se movió. Se acercó despacio, como si cada paso fuera deliberado, y puso una mano sobre su rodilla. No fue un gesto íntimo, pero sí firme. Lo bastante prolongado como para que Elías sintiera que algo en él acababa de ser marcado.
    
    —Tu secreto está a salvo conmigo —dijo en voz baja.
    
    Por un instante, Elías sintió alivio. El nudo en el pecho se aflojó apenas, como si por fin pudiera respirar.
    
    Pero entonces levantó la mirada…
    
    Y lo vio en sus ojos.
    
    No era compasión. Tampoco burla. Era otra cosa. Algo que no sabía nombrar, pero que le erizó la piel. Alicia no lo miraba como quien guarda un secreto. Lo miraba como quien lo ha reclamado. Como quien ha cruzado el umbral y no piensa volver atrás.
    
    Esa promesa de cuidado… no era gratuita.
    
    No era solo promesa. Había algo más. Algo que lo hizo temblar.
    
    Alicia no lo miraba como quien guarda un secreto.
    
    Lo miraba como quien lo posee.
    
    —Pero no te va a salir gratis —agregó, sin cambiar el tono—. Quiero verte. A ti. No a este —y señaló suavemente su camisa, su ...
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