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Atelier
Fecha: 03/02/2026, Categorías: Transexuales Autor: Voluptas, Fuente: TodoRelatos
... media pierna, zapatos bajos— parecía casi monástico. Pero había algo más. Un detalle pequeño, pero, que no debería estar allí. Las uñas, pintadas de un rojo discreto pero imposible de ignorar. Un anillo fino, con una piedra que brillaba bajo la manga. Y, sobre todo, la manera en que la falda se ceñía justo en el lugar correcto, marcando una cadera que pedía ser notada solo por quien supiera mirar. Alicia era una contradicción. Un secreto en forma de mujer. Y él… él por primera vez lo entendía. Era esa aura. Esa presencia contenida y poderosa. Esa mezcla de obediencia y tentación que descomponía la lógica de cualquier devoto. Eso era lo que Elías había envidiado toda su vida sin saberlo. No sus pechos, ni su cintura, ni sus vestidos. Su poder. Cuando sus miradas se cruzaron, ella sonrió. No como se sonríe a un hermano. No como se sonríe por cortesía. Sino como quien sabe algo que el otro aún no se atreve a confesar. Y Elías sintió un frío antiguo treparle por la espalda. Como si en esa sonrisa se escondiera una promesa o una condena. Dudó un segundo. El corazón le latía con tanta fuerza que temió que Alicia pudiera oírlo. Por un instante pensó en huir, dar media vuelta, desaparecer entre los bancos y las biblias. Fingir que nada había ocurrido. Que Eliane no existía. Que no era él quien se había desnudado ante el mundo con medias negras y encaje. Pero sus pies no obedecieron. Como en un sueño, como empujado por algo más antiguo que el ...
... miedo, empezó a caminar hacia ella. Paso a paso. Como quien cruza el umbral de una casa embrujada. O camina hacia su propia ejecución. —¿Podemos hablar? —preguntó con un hilo de voz que intentó disimular como sereno, pero le salió agitado. Alicia lo miró un segundo, ladeó la cabeza apenas, y respondió con indiferencia. —¿Ahora? —Sí. Por favor. Un momento. Es importante. Ella se cruzó de brazos. Lo escaneó con los ojos. Y entonces vio sus manos. Temblaban. Solo por un instante. Pero fue suficiente. Suspiró, dio media vuelta sin decir nada y lo guio por un pasillo lateral. Lo llevó a una pequeña sala de estudio, aquella que usaban los precursores para repasar textos y preparar discursos. Cerró la puerta con suavidad. Luego se apoyó contra la pared y lo miró en silencio. Elías tragó saliva. Sentía que iba a vomitar. Abrió la boca, dispuesto a hablar… o al menos a intentar justificarse. Pero no pudo. Alicia alzó la mano con suavidad, como si silenciarlo fuera un acto natural. No agresiva, no cruel. Solo… dueña del momento. Dueña de la escena. Y, de repente, esa sala se llenó de su presencia. Su cuerpo no ocupaba tanto espacio, pero su actitud lo hacía todo más estrecho, más íntimo, más inevitable. Lo miraba con calma, desde arriba, como si disfrutara del temblor contenido en sus manos, del hilo quebrado de su voz, del modo en que él —el varón, el que debía guiar— se deshacía frente a ella sin poder evitarlo. Era una inversión callada, ...