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Atelier
Fecha: 03/02/2026, Categorías: Transexuales Autor: Voluptas, Fuente: TodoRelatos
... todos los jóvenes se mantienen firmes hoy en día. Es un mundo de tentaciones. Pero tú… tú das ejemplo, hijo. Se nota que Jehová mora en ti. Elías tragó saliva. Sonrió. Bajó la cabeza. —Gracias, hermano. —Solo una cosa —añadió el anciano, inclinándose ligeramente hacia él—. No es nada serio, claro… pero deberías comer más carne. Estás muy delgado. Un varón debe tener cierta presencia. Firmeza en la voz, fuerza en la espalda. ¿Entiendes a qué me refiero? Elías sintió cómo se le erizaba la piel. —Sí —musitó. Pero por dentro, algo se rompía. ¿Por qué justo ahora? ¿Por qué ese comentario, esa sonrisa? ¿Había visto algo? ¿Lo sabía? El sudor le corría por la espalda bajo la camisa bien planchada. Se sintió desnudo, a pesar de todas las capas de obediencia que lo cubrían. Como si el anciano estuviera mirando directamente a Eliane. Como si la viera ahí, escondida detrás de sus botones y su pin dorado. Las palabras del hermano Agüero le llegaban apagadas, como si vinieran desde el fondo de una piscina. Elías apenas asentía, con la mente en otra parte, atrapado en una espiral de imágenes y temores. Tenía ganas de llorar. De decirlo todo. Ahí mismo. Que lo escuchara, que lo juzgara, que lo liberara o lo destruyera, daba igual. Porque el secreto lo apretaba por dentro como una costura mal hecha, a punto de reventar. —De todas formas —dijo el anciano, sonriendo aún con esa calma domesticada—, sigue como vas. El mundo necesita más jóvenes como tú. Elías ...
... se puso de pie de forma abrupta, como si el cuerpo supiera algo que la mente aún no se atrevía a decir en voz alta. Asintió con cortesía, inclinó la cabeza y murmuró una despedida. Pero sus piernas temblaban. La sala se había vuelto irrespirable, como si los muros susurraran su secreto. Como si el aire mismo comenzara a oler a confesión. —Y come un poco más, muchacho —añadió el anciano al verlo abrir la puerta—. No está mal ser piadoso, pero un cuerpo débil no es buen testimonio. La fe también se proyecta en la forma. Recuérdalo. Esa última frase le caló hondo, como si estuviera grabada en metal. “La fe también se proyecta en la forma”. Elías sintió que algo se le quebraba por dentro, algo pequeño y peligroso, como una astilla bajo la piel. Había en esa sonrisa amable una violencia dulce, un filo que no sangraba pero que dolía igual. Salió de la sala como quien escapa de un sueño que ha comenzado a pudrirse. Las piernas le temblaban. Sentía que en cualquier momento el suelo lo traicionaría. Y fue entonces cuando la vio entrar. Alicia. Por un instante, todo se congeló. Los murmullos de los hermanos, el eco de los pasos, la luz tenue que entraba por las ventanas del Salón… todo se desdibujó, menos ella. Nunca la había observado de verdad. No así. Su andar era tranquilo, casi flotante, como si cada paso obedeciera a una coreografía invisible. Su cuerpo, cubierto por la habitual tela espesa y recatada —una blusa celeste sin escote, falda gris oscuro hasta ...