-
Antonio el camionero se folla a la Jessi
Fecha: 04/02/2026, Categorías: Hetero Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos
... encontró allí: el padre de Jessi. Un hombre grueso, de espalda corpulenta y culo algo flácido, con camiseta de tirantes sudada y los calzoncillos bajados hasta medio muslo. De esos calzoncillos largos, de abuelo, que cuando se suben llegan hasta el ombligo. Estaba de espaldas, echando una meada en la taza con un chorrito más bien tímido, como el de una manguera con poca presión. —¡Coño! —dijo el hombre, girándose a medias con sobresalto. Antonio, impasible, se colocó a su lado y desenfundó la cabeza de su herramienta antes de apuntar al váter. El chorro que salió de su rabo fue grueso, fuerte, con sonido de cascada contra porcelana, como si vaciara un cubo entero. El hombre tragó saliva, sin saber si mirar al suelo o al techo, pero lo que sí miró, inevitablemente, fue el rabo de Antonio. Lo tenía justo al lado, y era imposible no fijarse. Aquel trasto era desproporcionado, gordo incluso flácido, con las venas marcadas como raíces secas y el glande aún reluciente. Al lado del suyo, que asomaba tímido y encogido por la edad y el frío del baño, parecía un brazo de gitano al lado de un pepinillo. Uno de los grandes, eso sí. —Tranquilo, paisano —dijo Antonio mientras orinaba, apuntando con ese badajo colgón como si regara un huerto—. Que no te moleste, que ya me ha dicho tu hija dónde era esto. Buena chica, ¿eh? Menuda boca tiene la cría… Me la ha dejado bien pulida. La he llenao de leche hasta las anginas… pero he pensado: ya que le he descargado los huevos, no ...
... voy a descargarle también la vejiga. Aunque te juro que por un momento me vi tentao —añadió con una risa socarrona, dándole un codazo al padre, como si compartieran chascarrillos verdes en la barra de un bar. El padre soltó una risilla ronca, entre cómplice y orgullosa, mirando de reojo el chorro potente de Antonio y ese rabo moreno que le hacía sombra al suyo. Aquello, más que una conversación, parecía un ritual entre dos machos que entendían la vida con el mismo código de campo. —Ya me lo imagino, ya… Si es que tiene buena escuela, la jodía. Y no le hace ascos a na’ —dijo, entre complacido y fanfarrón—. Tiene un don natural pa’ eso. Y con rabos como el tuyo o el del otro mastuerzo de tu amigo, el rapado... más mérito todavía. Antonio dejó escapar un gruñido satisfecho mientras su chorro seguía golpeando la taza con fuerza. —Lo aguanta todo, ¿eh? —añadió el padre con un dejo de admiración auténtica—. A mí me da cosa ya de verla ahí abajo con esas pollas como extintores… pero la jodía se crece. Y oye, si con eso se saca unos eurillos y os deja contentos a vosotros, pues bendita sea. Aquí cada uno aporta lo suyo a la casa. —Una máquina, tu hija. Me la ha mamado como si fuera la última polla del mundo, tragando sin rechistar, hasta el fondo, eh… con lágrimas y todo. Una artista. Se nota que es de buena familia. El padre de Jessi esbozó una media sonrisa torcida, de esas que asoman por un solo lado del bigote, y se pasó la mano por la barriga flácida bajo la ...