1. Antonio el camionero se folla a la Jessi


    Fecha: 04/02/2026, Categorías: Hetero Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos

    ... Seguía follándose a Jessi en misionero, agarrándole los muslos con fuerza mientras su culo peludo bombeaba sin pausa, subiendo y bajando con ese ritmo bruto y constante de alguien que ha hecho obras, ha cargado sacos y sabe mantener el compás. Le sudaba la espalda, le brillaban los riñones y no parecía tener prisa por acabar. Lo más llamativo es que no parecía molestarle lo más mínimo la presencia de la madre —al contrario, casi parecía más crecido, más orgulloso—. Cada vez que sus ojos se cruzaban con los de ella, soltaba una embestida más fuerte, como diciendo “mira lo bien que me follo a su hija, señora”.
    
    —Qué barbaridad… —murmuró la madre, llevándose el cigarro a los labios mientras se abanicaba con la tapa de un tupper.
    
    Antonio, sudoroso, con la barba mojada y la mirada encendida, cogió la litrona con una mano sin dejar de empujar con la otra. Dio un trago largo, como quien riega un geranio en agosto, y soltó:
    
    —Esto entra solo… y no me refiero a mi polla.
    
    Y siguió a lo suyo, meneando el culo con ese vaivén bruto y viril, como si estuviera empotrándola delante de toda la familia por puro deporte nacional.
    
    —Así me gusta, que le des marcha al señor —le dijo la mujer a su hija—. Este también tiene espaldas de macho ibérico.
    
    —Mamá… salte ya, por favor —gimió Jessi entre sacudida y sacudida.
    
    —Vale, vale… luego me contáis cómo ha ido. Antonio, si te quedas a dormir, hay tortilla de patatas para cenar.
    
    —¿Con cebolla?
    
    —Claro.
    
    —Entonces me ...
    ... quedo.
    
    La madre salió. Antonio volvió a centrarse en Jessi, ya medio ida, con la cara roja y el maquillaje corrido. Él le agarró las tetas como quien amasa pan y aceleró el ritmo hasta que solo se oía el golpeteo de su cadera contra la suya.
    
    —¡Te voy a estucar el útero, zorrita… prepárate!
    
    Con un rugido final, le vació todo dentro, apretándola contra sí como si estuviera exprimiendo hasta la última gota de sus testículos. Jessi se corrió al mismo tiempo, arañándole la espalda y soltando un gemido que acabó en risa descontrolada.
    
    Antonio se dio la vuelta, desplomándose a su lado. Quedaron jadeando, sudados, con la sábana hecha un cristo y los peluches de la chica desperdigados. Él se encendió el cigarro que le había dejado la madre de Jessi, miró hacia el techo y soltó:
    
    —Esto es mejor que el puticlub Paradise de La Jonquera. Y más barato.
    
    Jessi se rió, le pegó una colleja cariñosa y murmuró:
    
    —Y esta noche, si quieres, repetimos. Cuando el crío ya esté dormido.
    
    El camionero soltó una carcajada ronca, de esas que salen del pecho y huelen a tabaco negro y cerveza caliente. Sin decir nada, le cogió la mano y, con toda la pachorra del mundo, se la llevó entre sus piernas, guiándola hasta sus huevos colgones y pesados, aún húmedos del polvo recién echado. Se los apoyó ahí, como quien coloca una ofrenda en un altar, y la miró con una ceja levantada, como si su gesto dijera “tócalos, reina, que estos volverán a estar llenos para entonces”.
    
    Ella sonrió con picardía, ...