1. Antonio el camionero se folla a la Jessi


    Fecha: 04/02/2026, Categorías: Hetero Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos

    ... empezando a masajearlos con suavidad, como quien amasa pan con cariño, notando el calor y el peso de esa virilidad bruta y sin filtros.
    
    Antonio le guiñó un ojo y exhaló el humo con una sonrisa de oreja a oreja, satisfecho como un rey tras una buena cacería. Luego se incorporó con su parsimonia habitual, como si todo le pesara menos los cojones, y quedó sentado en la cama con la espalda apoyada en el cabezal de madera. Aplastó la colilla en un cenicero desvencijado que había en la mesita de noche, al lado de un mando sin pilas y un rosario polvoriento, y alargó la mano hasta coger otra vez la litrona que la madre de Jessi le había traído, con una sonrisa cómplice, antes de encerrarse en la cocina a preparar la cena.
    
    Se la llevó a la boca con un giro de muñeca, le dio un buen trago —largo, de garganta ancha y labios pringados de espuma— y soltó un eructo corto, casi elegante, como si marcara el final de un acto.
    
    Jessi, desnuda, despeinada y con la cara aún enrojecida por el trajín, tenía la cabeza apoyada en su barriga peluda, usándola de cojín mientras le acariciaba el costado. Él, distraído, pensativo, le toqueteaba el rabo ya flácido con los dedos como quien se entretiene enredando una cuerda vieja, sin prisa ni pudor, dándole manotazos suaves, midiendo su peso muerto.
    
    —Al final tu viejo no se pasó —dijo de pronto, con tono neutro, sin apartar la vista de la cerveza—. Me lo comentó en el pasillo, ¿sabes? Que si conseguía quitarse a tu madre de encima… igual venía ...
    ... a echar un vistacillo. Pero nada, se ve que la jodía no le dio tregua.
    
    Jessi soltó una risa floja, casi con pereza, y se frotó la cara contra su panza como un gato ronroneante.
    
    —Claro que no vino… Si no la suelta ni pa’ mear tranquilo. Mi padre es un cerdo, Antonio. En serio. No pierde ocasión de arrimarme cebolleta. A veces estoy fregando o doblando ropa y me roza aposta, o se me queda mirando el culo cuando estoy de espaldas. Más de una vez me ha cogido unas bragas del cesto pa’ olerlas. Y cuando estoy con algún cliente, ahí anda por el pasillo, con la oreja pegada y el pantalón abultao.
    
    Antonio frunció el ceño con una mueca entre el asco y la pena, pero luego resopló como comprendiendo algo muy de fondo, muy de hombre.
    
    —Hostias… qué cruz tiene el pobre.
    
    Le dio otro sorbo a la litrona y suspiró hondo. Se quedó un momento en silencio, mirando al techo, con ese gesto serio de camionero que ha entendido algo importante sobre la condición humana. Luego bajó la vista hacia Jessi, le apartó un mechón de pelo y le dio dos golpecitos en la mejilla con los nudillos.
    
    —Pues mira… ahora me sabe mal. El hombre tenía ilusión. Quería ver cómo su hija tragaba rabo en condiciones. Qué menos que darle un buen espectáculo pa’ después de cenar, ¿no? Si se lo ha ganao.
    
    —¿Tú crees? —preguntó Jessi, aún acurrucada, jugando con el vello de su pecho.
    
    —Hombre… si yo tuviera una hija que se la chupa así a los tíos, también querría verla en plena faena. Pa’ saber que he criado ...