-
No era mi nueva vecinita
Fecha: 09/02/2026, Categorías: Incesto Autor: ventura, Fuente: TodoRelatos
... con nosotros? Se quiso zafar de mí queriendo retirarse pero no la dejé. –Déjame Ramiro. No me lo pongas más difícil. Verla tan cerca no me pude reprimir, le propiné un beso en los labios y aunque no era el primero, esta vez no se calló y separando de inmediato sus labios de los míos, interpeló: -¿Porqué haces esto? –¿Tú porqué crees? –le respondí –No lo sé, pero no deberías hacerlo, soy tu tía. –¿De verdad crees que puedo pensar que eres mi tía? –Que piensas si no que soy. –Pienso que eres una mujer maravillosa y que estoy loco por ti. –No me digas eso. Tienes a tu novia Carmen. –Y si te digo que no existe otra mujer en mí que no seas tú. –Por favor Ramiro, no te burles de mí. No podía más, veía en ella cierto nerviosismo que para mí se trasformaba en deseo de tenerla más cerca. Y que mejor era el unirme a ella abrazándola y volviéndola a besar. Esta vez nuestros labios quedaron enlazados en un apasionado beso. No hubo rechazo en principio, pero enseguida sus labios se separaron de los míos para decirme: –¿De verdad me quieres, Ramiro? –¿Lo dudas?... Te quiero como no he querido nunca a nadie. Pero también quiero que me digas que sientes por mí. –¿Que qué siento…? –Claro… Deseo que me digas que tú también llegas a quererme. Se quedó mirándome fijamente como queriendo saber si mis ojos confirmaban lo que decían mis palabras para después decirme: –Sí, creo que también te quiero. En verdad me siento muy a gusto cuando ...
... estoy a tu lado. –¿Porqué no me lo has dicho antes? –Porque había dos motivos: el primero y más importante porque soy la hermana de tu madre… –Bueno, eres su medio hermana con lo que y por tanto nuestro parentesco está en cuarto grado con lo que no hay ningún impedimento para querernos… ¿y el segundo? –Porque pertenecías a Carmen y verte junto a ella en sus brazos no puedo soportarlo. –¿Por eso te marchaste ayer de la discoteca? –¿Por qué te crees si no? –Creía que el compañero de Carmen se hubiera propasado contigo y por eso saliste de estampida. –¿Ese…? Es un tonto engreído que no se atrevería a tocarme ni un pelo. Menuda soy yo para eso. –¿Y yo que soy…?, sabiendo lo que significas para mí. Lo digo para saber a que atenerme y poder defenderme –le dije sonriendo al ver la cara de enfado que había puesto cuando se refería al compañero de Carmen. –¿Tú…?, eres todavía más tonto por lo que me has hecho sufrir y si es verdad que tanto me quieres me lo tienes que demostrar. Fue la chispa que faltaba para que la cogiera en brazos y la tendiese con suavidad en la cama. –No sigas Ramiro, están tus padres y no me gustaría que nos vieran así –repuso cuando estaba recostada en la cama. –No te preocupes que no están y no vendrán en todo el día. Además, mi madre me dijo ayer, cuando regresé a casa, que me portase hoy bien contigo y quiero obedecerle dándote lo mejor de mí. Esta vez no hizo falta que yo me inclinase a ella. Me cogió con ambas manos mi ...