1. Sombra de infidelidad


    Fecha: 11/02/2026, Categorías: Hetero Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... lógica. Instinto.
    
    Y por primera vez, lo pensé sin miedo.
    
    Llegamos primero a la casa. Te bajaste sin mirarme. Y seguiste tu camino. Sin una palabra. Como si estuvieras solo.
    
    Y tal vez lo estabas. Tal vez ya lo estábamos los dos. Cuando el carro arrancó te vi por última vez
    
    Martín propuso que pasáramos primero por la casa de Facundo. Así lo hicimos. Entramos. Todo fue un chiste. Una risa detrás de otra.
    
    Y ahí, entre esas risas, comencé a sentir algo distinto.
    
    No era culpa todavía. No era deseo completo.
    
    Era… esa sensación leve, entre el estómago y las piernas, de saber que lo que estás haciendo —aunque parezca inocente— ya no lo es tanto.
    
    Ya no estaba siendo simplemente amable.
    
    Ya no estaba actuando como una esposa dolida.
    
    Empezaba a gustarme estar ahí. A gusto, siendo vista.
    
    Y de pronto, sin aviso, una lágrima me bajó por la mejilla.
    
    No era tristeza. No sé qué era. Pero era como si una parte de mí estuviera despidiéndose en silencio de ti.
    
    Lucas lo notó y me acarició el pelo con una dulzura que no esperaba.
    
    No dijo nada. Su caricia lo dijo todo.
    
    Y ahí lo supe.
    
    No estaba sola.
    
    Y no estaba mal.
    
    Y ahí… ahí ya me había olvidado de ti, Elías.
    
    No sé si con tristeza.
    
    O con alivio.
    
    Facundo dijo que no había nadie en la casa. Que su hermana estaba en la finca.
    
    Y yo decidí no salir de ahí.
    
    Eso fue todo, Elías.
    
    Solo quería que lo supieras por mí.
    
    La casa olía a trago barato. Facundo apenas podía hablar bien, pero ...
    ... no lo dejábamos caer. Martín fue el que trajo hielo del congelador, Lucas se sirvió otra copa sin preguntar, y Santiago se quitó la camisa porque decía que el lugar estaba “como un horno”.
    
    Yo estaba ahí. Viéndolos a todos, viéndome a mí.
    
    Y por primera vez en mucho tiempo, estaba feliz.
    
    Sentía el calor subirme por el pecho, como si me estuviera despertando después de años dormida.
    
    Los miraba con detalle —a Martín, a Lucas, a Santiago— y algo en mí se activaba.
    
    No era la mirada de siempre. No los veía como amigos.
    
    Los estaba mirando como hombres. Como cuerpos. Como posibilidades.
    
    Martín, sobre todo.
    
    Un hombre en todo el sentido de la palabra. Negro, fornido, con los brazos que hacían que una quisiera ser cargada sin preguntar por qué.
    
    Tenía una voz suave y firme a la vez. Y, cuando Elías no estaba, era más amable conmigo. Me hablaba distinto. Me escuchaba.
    
    Esa noche, me di cuenta de que también me miraba distinto.
    
    Y yo lo noté.
    
    Y no quise apartar la mirada.
    
    Esa noche no me sentía esposa. Ni madre. Ni traidora. Me sentía… cansada. Y viva. A la vez.
    
    Me reí con ellos. Me senté en el sofá, entre Martín y Santiago. Martín me ofreció un sorbo del suyo. Lo acepté. Era ron.
    
    Facundo, medio dormido, empezó a cabecear. Alguien lo dejó recostado en la silla.
    
    Yo me levanté para ir al baño y, al pasar, sentí la mirada de Santiago recorriéndome.
    
    Me detuve en el marco de la puerta y le pregunté, sin rodeos:
    
    —¿Quieres algo?
    
    No respondió. ...