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Sombra de infidelidad
Fecha: 11/02/2026, Categorías: Hetero Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
... los ojos. No me arrepentí. Uno a uno. No sé el orden. No me importa. Eran cuerpos calientes, jadeantes, necesitados. Como el mío. Y entre todos, me sentí completa. No vacía. No sucia. No como una mujer rota, sino como una que había recuperado su centro entre brazos masculinos. Me corrí dos veces. Tal vez tres. Perdí la cuenta. Nadie me preguntó si estaba bien. Simplemente los dejaba usarme. Meterme las vergas donde debía estar la de Elías, la de mi esposo. Caminaba con una verga incrustada en mi interior y penetrándome con fuerza, no por intentar alejarme, era el que me penetraba el que me movía con fuerza y yo solo me dejaba mover, hasta que un fuerte empujo me hizo caer en el espaldar del sillón donde descansaba Facundo, sentí la verga salir de mi vagina, era enorme, no sé cómo había podido tener eso dentro de mí. Definitivamente era más grande que la de Elías. La leche escurría por mis piernas y sonreí. También escuché como ellos también reían. Di la vuelta, mirándolos coquetamente y me arrodillé a los pies de nuestro amigo dormido. Mis manos desabrocharon su pantalón y ...
... libraron su miembro blando, lo acaricié y lo besé. Lucas se acomodó detrás mío y volvió a penetrarme. La verga de facundo no se ponía dura pero no me importaba, tampoco el hecho de que tenía un fuerte sabor a orines, la metía hasta el fondo de mi garganta mientras Lucas me cogía con fuerza. Nunca pensé que una orgía podría brindarme tantas sensaciones hermosas, estaba participando en una por primera vez, era hermoso y muy sensual. Me puse de pie cuando sentí la verga de lucas salir de mí. Después nos quedamos tirados, riendo, desnudos, sudados, exhaustos. No volví a mencionar a Elías. Todos se fueron y yo me quede juntó a Facundo, lo terminé de desnudar y lo lleve a su cama, desnuda también me acosté junto a él. Cuando amaneció, ya en nuestros cinco sentidos, Facundo y yo nos vimos, él poco recordaba, pero yo le refresque la memoria y solo empezamos a reírnos y estábamos incrédulos de lo que habíamos hecho. Salí sin dar besos. Ni explicaciones. Y mientras caminaba a casa con el vestido arrugado y las bragas en el bolso, supe algo con absoluta claridad: Este cuerpo no era de Elías. Era mío.