1. Unos vecinos influencers 7. LA CENA


    Fecha: 16/02/2026, Categorías: Infidelidad Autor: LuzOscura90, Fuente: TodoRelatos

    ... espalda, como si estuviera comprobando algo.
    
    Sus ojos se encuentran con los míos en el retrovisor.
    
    —Para el coche—me dice, con una voz que no admite discusión.
    
    Teddy suelta un gruñido de protesta desde el asiento trasero, sus dedos jugueteando con el borde del vestido de Lucy.
    
    —Estaría mejor que fuera aquí—dice, arrastrando las palabras con picardía—. Pero vamos a ser buenos.
    
    Freno bruscamente en un callejón mal iluminado, junto a unos contenedores de basura que huelen a cerveza rancia y verano caliente. Clara sale del coche con movimientos rápidos, sus curvas se ven perfectas bajo la luz amarillenta de una faralla parpadeante.
    
    —No tardes, princesa—le susurra Teddy, mordiendo la última palabra como si fuera un caramelo prohibido.
    
    Ella no responde. Se esconde tras los contenedores, y durante treinta segundos que se me hacen eternos, solo escucho el roce de tela, el tintineo de un broche metálico cayendo al suelo.
    
    Cuando reaparece, tiene el sostén negro—ese que le compré en París—enredado en sus dedos. Lo levanta como un trofeo, la tela de encaje colgando sensual e indecente bajo la luz de la luna.
    
    —Ya voy sin sujetador, imbéciles —dice al fin, su voz baja pero clara.
    
    —Feliz?—pregunta, deslizándose de nuevo en el asiento trasero. Pero ahora su postura es diferente. Más consciente. Más expuesta.
    
    Teddy no puede evitar mirar. Ninguno de nosotros puede.
    
    La camisa, antes discreta, ahora se pega a cada curva con una fidelidad obscena. Los pezones ...
    ... de Clara—¿siempre tan sensibles?—se dibujan bajo la tela con cada respiración acelerada.
    
    —Mucho—responde Teddy, pasando la lengua por los labios—. Aunque preferiría haberlo visto.
    
    Clara lanza el sostén al asiento delantero. Aterriza en mi regazo, aún caliente, impregnado de su perfume.
    
    —Guárdamelo, Armando—dice, con una voz que no es orden, ni súplica. Es juego.
    
    Arranco el coche de nuevo, con esa prenda íntima quemándome los muslos.
    
    El restaurante aparece al final de la calle, su fachada iluminada con luces tenues que prometen intimidad y lujo. Aparco justo frente a la entrada, en un hueco que parece hecho a medida. Por un momento, nadie se mueve. El sostén sigue en mis manos.
    
    La camisa de Clara sigue revelando esos pezones.
    
    Y Teddy, maldito sea, es el primero en romper el silencio:
    
    —Bueno, damas y caballeros —dice, abriendo la puerta con un gesto teatral—. Que empiece la cena.
    
    Sus ojos verdes encuentran los míos por un instante.
    
    Yo apagué el motor y salí también, rodeando el coche justo a tiempo para ver cómo Teddy ayudaba a Clara a bajar del asiento trasero, ofreciéndole una mano como si fuera algo habitual. Y quizá ya lo era. Ella aceptó con una sonrisa rápida y bajó con cuidado, acomodando su camisa.Teddy bajó detrás de ella, arreglándose la camisa, la misma de antes.
    
    Nos acercamos juntos al restaurante, que tenía esa estética minimalista que grita “soy caro” sin necesidad de cartel. Las luces eran cálidas y tenues, reflejadas en paneles de ...
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