1. Unos vecinos influencers 7. LA CENA


    Fecha: 16/02/2026, Categorías: Infidelidad Autor: LuzOscura90, Fuente: TodoRelatos

    ... la mano para ajustarse mejor—. El hijo enseñando a su padre cómo se disfruta de su madre.
    
    No lo negué.
    
    Porque en ese momento, con la foto de Clara ardiendo en mi retina y mi hijo mirándome como un cómplice, solo pude pensar una cosa:
    
    "Dios mío... esto es lo más perverso que he vivido."
    
    Y la erección palpitando en mis pantalones no iba a desaparecer.
    
    Teddy soltó una carcajada, demasiado alta, demasiado cruda, mientras su mano se posaba en el hombro de Alex con un gesto de orgullo perverso.
    
    —Joder, qué ganas tengo de ganar esta noche y ver esa foto —confesó, los ojos brillando con malicia—. Viendo a tu padre, sé que la foto es buena.
    
    Se rieron de mí.
    
    Alex, mi propio hijo, meneó la cabeza con una sonrisa de suficiencia, como si hubiera descubierto un secreto que yo mismo ignoraba.
    
    —Papá, no sabes ni la mitad —dijo, deslizando el dedo por su móvil—. Tengo otra donde se le ve aún mejor.
    
    Mis entrañas ardieron.
    
    No de rabia. No de vergüenza.
    
    De pura excitación retorcida.
    
    —Mira cómo se te marca, banquero —susurró, señalando mi entrepierna con la botella—. Te gusta que juguemos con ella, ¿eh? Que tu hijo y yo la convirtamos en nuestra fantasía compartida.
    
    Alex rio, demasiado cómodo en su papel de traidor.
    
    —Relájate, papá. Al menos así sabrás que la foto está en buenas manos… —hizo una pausa, mirando a Teddy—. …o en las tuyas, cuando te la pase.
    
    Era demasiado.
    
    Demasiado perverso. Demasiado íntimo.
    
    Demasiado bueno para ...
    ... detenerse.
    
    —Solo recuerda —gruñí, ajustándome incómodo en el sofá—. La foto pasa por mí primero.
    
    Teddy lanzó un último comentario antes de volver al juego:
    
    —Claro, claro… para que le pongas marca de agua… o algo más personal.
    
    Mis dedos tamborilearon contra el tercio vacío, la mente aún nublada por el cannabis, pero con una claridad brutal en lo único que importaba: Clara.
    
    Teddy se levantó del sofá con la elegancia de un depredador, estirándose hasta que su camisa se separó de los vaqueros, mostrando esas abdominales doradas que parecían diseñadas para hacer que cualquier mujer se mordiera el labio.
    
    —Bueno, banquero —dijo, lanzándome una sonrisa que sabía a desafío—, nos vemos a las 21 en mi casa con la dueña de los balones. Y luego, sushi.
    
    Alex, que aún tenía el móvil en la mano con esa foto de Clara, arqueó una ceja.
    
    —¿La dueña de los balones? —preguntó, confundido.
    
    Teddy no dudó. Con un gesto obsceno, se llevó las manos al pecho y ahuecó unos imaginarios—pero demasiado reales—globos en el aire, sonriendo como si acabara de ganar la lotería.
    
    —Ah… —Alex resopló, mirándome de reojo—. Clara.
    
    Yo fingí indiferencia, aunque el solo hecho de oír su nombre en boca de Teddy, después de todo lo dicho, me hizo apretar los dientes.
    
    —A las 21 estaremos aquí —dije, levantándome y ajustándome la corbata, como si eso pudiera devolverme algo de dignidad.
    
    Teddy se acercó, lo suficiente para que su perfume—algo caro, algo invasivo—me envolviera.
    
    —Y dile que se ponga ...
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