1. Albast.Capítulo 24


    Fecha: 16/02/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Alex Blame, Fuente: TodoRelatos

    ... más tiempo la lujuria que lo dominaba, Douglas se colocó entre las esbeltas piernas de la joven y la penetró, centímetro a centímetro, disfrutando de cada sensación, del calor, del roce, del placer, hasta alojarla en el fondo de su coño y mantenerse allí dentro unos segundos, mientras acariciaba los flancos de Nadia y besaba sus pechos.
    
    En ese momento se dejó llevar por un deseo salvaje. La penetró con golpes intensos y secos, que la rusa acompañaba con fuertes gemidos. El placer se hizo más intenso, la mirada de Nadia se nubló y su rostro se sonrojó intensamente, mientras su cuerpo se estremecía y vibraba.
    
    —Más... ¡Más fuerte! ¡Fóllame! —las uñas de la mujer se clavaron en su espalda mientras gemía con fuerza.
    
    Loco de deseo, le dio la vuelta y la puso a cuatro patas, penetrándola de nuevo. Douglas folló con todas sus fuerzas a la joven, aun estremecida, descargando toda su frustración y todo el deseo contenido aquellas semanas, hasta que se corrió con un grito estrangulado. Nadia gimió y tuvo una nueva descarga de placer al sentir el calor de su semen, mientras Douglas la abrazaba por la cintura y le besaba y mordisqueaba la nuca.
    
    Se derrumbó de lado en el sofá, con Nadia todavía estremeciéndose entre sus brazos. El placer dio paso a una sensación de languidez y poco a poco aquella necesidad animal, dejó paso a una sensación de culpabilidad.
    
    —¿Estás pensando en tú mujer? —a aquella maldita comunista no se le escapaba nada— Puede que la semana que viene ...
    ... estemos muertos.
    
    —Eso no quiere decir que no sienta que la he traicionado. —replicó él mortificado, sin ser capaz de separarse de aquel cuerpo tibio.
    
    —Puede que lo hayas hecho, pero esta guerra... son circunstancias especiales. No eres del tipo de hombres que se sentiría atraído por una mujer sin cerebro. Ella te conoce. Sabe que los hombres no sois unos santos. ¿Cuántos años llevas fuera de casa?
    
    —La última vez que la vi fue antes del desembarco en Casablanca. Es mucho tiempo, pero no hay excusa. Debería contárselo.
    
    —¿Para qué? —se volvió para mirarle con un gesto de enfado— Sabes que lo nuestro no tiene ningún futuro y que no se repetirá. ¿Qué ganarías con ello? ¿Descargar tu conciencia para cargar la de ella con un intenso dolor? Una cosa es que lo sospeche y otra cosa es confirmárselo. Sería muy cruel por tu parte. Si tú has cometido la falta, es justo que cargues con ella el resto de tu vida.
    
    —Seguro que has hecho todo esto solo para hacer que me sienta como una mierda. —le reprochó Douglas, mientras se sentaba desnudo en el sofá.
    
    —Créeme, estoy tan fastidiada como tú. Creía que lo tenía todo bajo control. Una cosa es darte un par de besos y alguna caricia para ponerte de los nervios. No me gusta hacer cosas sin pensar y menos mezclando trabajo y placer. No es profesional. Será mejor que nos vistamos y ventilemos esto un poco. Apesta a sexo.
    
    Al final se impuso el espíritu práctico de ella. Ventilaron la cabaña, atizaron la chimenea y se sentaron frente al ...