1. Susurros Del Deseo


    Fecha: 06/03/2026, Categorías: Transexuales Autor: Liver96Oficial, Fuente: TodoRelatos

    Saludos, lictores y lectores. Siempre me han fascinado las historias en las cuales el protagonista, perdido y desorientado, terminado de buena manera. Ésta es una de ésas, algo corta y con un estilo narrativo ligeramente diferente a lo que acostumbro, a modo de experimento.
    
    La gran caravana ismaelita partió de Abidós, rumbo a los confines de Etiopía, para allí realizar su comercio. De todos los integrantes, solo había uno que era diferente de los morenos mercaderes árabes: Helipiros, un muchacho griego de cabellos dorados y ojos azules que resplandecían en el desierto, su piel tan clara que parecía cerámica, se distinguía entre las sombras de las tiendas y los rostros curtidos por el sol.
    
    A sus 20 años, Helipiros era un joven agraciado y poco acto para la dura vida de ciudadano agricultor y hoplita, que era la suerte de los de su estirpe, por lo que después de emanciparse de su tío, se dispuso a buscar su lugar en el ancho mundo. De este modo, luego de recorrer por meses el opulento reino egipcio, encontró suerte al unirse a una caravana ismaelita proveniente de Mesopotamia como mozo al cuidado de los camellos. El jovenzuelo soñaba con las leyendas del inmenso desierto, de las arenas que ocultaban tesoros, de llegar a tierras desconocidas para sus ojos griegos.
    
    Pero la fortuna es caprichosa, y la caravana se desorientó en el desierto de arena rojiza, sorprendida por una inusual e inesperada tormenta de arena. Los camellos se tambaleaban en el torbellino de viento y ...
    ... polvo, aullando en pánico, y los mercaderes se aferraron desesperados a sus monturas, perdiendo la noción del camino. Helipiros se aferró a una de las monturas que se había echado a la arena, mientras las voces de la gente se iban apagando en la distancia, enterrados por la furia del desierto.
    
    No supo por cuánto tiempo la tempestad prevaleció, pero sí que era el único superviviente que emergía del caos del viento y la arena. A la mañana, sacudiéndose el polvo que le había enterrado ligeramente al lado del animal, se vio rodeado por todas las direcciones de la desolada inmensidad de la arena. El camello se alzó para sacudirse el polvo, y Helipiros, con la garganta seca, sujetó las riendas del animal; preguntándose en qué dirección se encontraba la ruta de regreso a Abidós.
    
    Sin puntos de referencia, solo pudo encomendarse a sus dioses para poder encontrar la manera de regresar, mientras montaba y avanzaba al paso lento del camello, el sol ya en medio del cielo. Se movieron despacio, por varias horas; y pudo tener una referencia al atardecer, cuando vio la dirección por la cuál el sol descendía frente a él. Había estado avanzando en la dirección contraria a Etiopía, adentrándose en lo desconocido. La noche cayó, fría y hostil, y Helipiros, desconocedor de las costumbres del desierto, no supo protegerse adecuadamente, más que acurrucarse al lado del cálido costado de su montura.
    
    Sopesó dar media vuelta a la mañana siguiente, pero en sus pensamientos, temió desorientarse ...
«1234...8»