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Susurros Del Deseo
Fecha: 06/03/2026, Categorías: Transexuales Autor: Liver96Oficial, Fuente: TodoRelatos
... Vengo de Abidós, iba rumbo a la tierra de los etíopes cuando... una tormenta de arena nos sorprendió y mi caravana pereció. No sé exactamente dónde estoy," Helipiros respondió, con voz pausada y fatigada. Ella desmontó del camello con una agilidad que no le correspondía a su voluminoso tamaño. Sus pasos en la arena producían un sonido seco y pudo comprobar que si era más alta que él, no era por la altura de la montura. Helipiros, asombrado por la enigmática belleza de la desconocida, se cuidó de no mirarla fijamente por temor a parecer irrespetuoso. La nómada negra le tendió un odre que llevaba a un costado. "Bebe, bello desconocido," dijo con suavidad, "luego puedes contarme tu aventura." Helipiros no dudó en obedecer, la sed lo consumía. Descorchó el odre con temblorosos dedos y bebió el preciado líquido que se deslizaba por su garganta. Era un regalo del Olimpo. La extraña bebida no solo calmó su sed, sino que le devolvió la vida. El sabor era afrutado, a nada que el joven griego hubiera probado en su vida. La robusta dama negra le observó con una sonrisa de satisfacción. Cuando hubo saciado su sed, le devolvió el odre vacío a la extraña mujer, que lo volvió a colgar a su costado. Carraspeó con timidez. "Puede usted, por favor, indicarme el camino a Abidós o a alguna tribu cercana?" "Estamos muy lejos de cualquier lugar habitado por los hombres, mi querido muchacho," rió la enigmática mujer. "Me sorprende que hayáis podido llegar hasta éste punto y ...
... resistir la furia de éste desierto. Tú, con tu piel tan clara, no pareces hecho para el calor abrasador del sol." Helipiros la miraba con incredulidad. "Y tú, quién eres?" inquirió. "Me llamó Nulmawa," respondió la dama con una leve inclinación de la cabeza. "Soy la única persona que vas a encontrar en las inmediaciones, a no ser que quieras ser alimento para los chacales que habitan en este inhóspito paraje." "Soy Helipiros," dijo el muchacho, aferrando la rienda de su propio camello. "Y si no hay pueblos o ciudades cercanas, de dónde vienes?" "Vivo en un oasis, no es más grande que veinte camellos tumbados uno al lado del otro," dijo Nulmawa, con la sonrisa aún en su rostro. "Ven conmigo, bello joven blanco. Allí podrás descansar y recuperar tus fuerzas. Quizás, si los dioses lo permiten, podremos ayudarnos mutuamente en este solitario paraíso." Helipiros no vio mucha opción. Aceptó la oferta de Nulmawa y la siguió. El camello de la enigmática figura parecía saber el camino, moviéndose con seguridad por el mar de arena. En un par de horas, la silueta del oasis empezó a tomar forma. Eran unas pocas palmeras datileras, y a un lado se podía ver una solitaria tienda, el hogar de su salvadora. Nulmawa se adelantó y le guió a un estanque, del que bebieron el animal y el muchacho, rellenando sus odres. "Ven adentro, Helipiros," Nulmawa le llamó desde la entrada de la tienda, que se movía con la brisa del desierto. Dentro era fresco y acogedor. La luz del sol se ...