1. Diario de un pervertido. 5ª parte. La visita


    Fecha: 23/03/2026, Categorías: Hetero Autor: peto, Fuente: TodoRelatos

    ... tenía a su hermana en el piso contiguo para dar rienda suelta a su depravación.
    
    Yo tenía bien poco que confesar aparte de la relación con mi tía, mi afición a masturbarme espiando a otros o mi tendencia al exhibicionismo, que ya eran bien conocidas por Franchesca. También confesé que había descubierto que me gustaba extraordinariamente la sumisión.
    
    La italiana, por su parte, nos contó su historia. Ella contaba todas aquellas experiencias con una naturalidad pasmosa, cuando en realidad eran bastante turbias.
    
    Para empezar, los motivos por los que estaba estudiando en Londres eran dos:
    
    Por un lado, su coeficiente intelectual, que era muy alto y le había permitido acceder a varias becas, y, por otro lado, el tener un mecenas que le pagaba casi todos los gastos.
    
    Al parecer, su madre quedó preñada de un desconocido con tan solo 14 años después de haber vendido su cuerpo a un montón de desconocidos, por lo que no tenía ni idea de quién podría ser el padre de su hija. La buena mujer sacó a la chiquilla adelante como pudo, pero pagó un alto precio. El alcohol había hecho mella en ella y la necesidad de dinero la había llevado a utilizar el hogar de ambas como centro de trabajo.
    
    Franchesca había visto pasar por su casa a un gran número de hombres. El piso era pequeño, así que había visto y oído de todo desde su más tierna infancia.
    
    A los 11 años, un cliente de su madre se percató de que la niña los estaba mirando desde la cocina mientras follaban y quiso ...
    ... tenerla como espectadora en las sucesivas visitas. Aquel hombre pagaba muy bien por tener a una niña mirándolo mientras hacía uso del cuerpo de la madre. No tardó en poner dinero encima de la mesa para que ella también participase. Aquel pervertido fue el primero en disfrutar de su cuerpo, y lo hizo bajo la atenta mirada de la madre que velaba por ella para que no le hiciesen demasiado daño. Le dolió igualmente, pero no se quejó porque sabía que necesitaban el dinero.
    
    Así perdió Franchesca la virginidad. Normal que no quisiera saber nada de los hombres.
    
    Durante bastante tiempo, los problemas económicos desaparecieron porque el número de pervertidos que gustaban de disfrutar del tándem que formaban madre e hija fue en aumento hasta que Franchesca perdió la frescura de la infancia.
    
    Para entonces, un adinerado padre de familia ya se había encaprichado de ella y la había acogido bajo su ala protectora, pagándole los estudios, primero en Italia y luego en el extranjero. A este hombre también había que tenerlo contento, y como sus sentimientos religiosos le llevaban a sentir una culpa tremenda, Franchesca lo torturaba física y psicológicamente.
    
    Periódicamente, aquel hombre viajaba a Londres para ver a su protegida o le pagaba el viaje a Italia o a algún hotel vacacional del Mediterráneo para que esta le reprochara lo que hacía con ella.
    
    Atado, como me ataran a mí la víspera, aquel hombre escuchaba a Franchesca decir:
    
    —Mira lo que me obligas a hacer, puto pervertido ...
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