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Conny, una dulce tentación 6
Fecha: 25/03/2026, Categorías: No Consentido Autor: Roger David, Fuente: TodoRelatos
... aquí para protegerte, nada más… Era una mentira tan descarada que, que de no ser por la forma en que sus ojos se clavaron en los de ella con una mezcla de “preocupación” y “posesión”, más los efectos de la cerveza en la mente de Connny, ella, podría haberse reído a carcajadas. Pero no lo hizo. Era la primera vez que alguien le decía que la protegía. Su padre nunca lo había hecho, algo que estaba demás, pues su padre si bien no era sobreprotector, siempre había cuidado muy bien de ella, y según el no era necesario decírselo a su hija para que lo supiera. Su madre, ocupada en sus propios dramas, tampoco. “¿Y si… don Ursulo era la excepción?”, se preguntó Conny viéndose en la obligación de bajar la pierna que tenía subida, y cambiarla por la otra. Lo hizo con movimientos tan femeninos, tan sensuales, que don Ursulo, quien no pudo evitar mirar ese entrecruces de piernotas, sintió que el mundo se le venía encima. Estuvo a punto de comenzar a manoseárselas ya sin tapujos y quizá atracársela aprovechando la confianza que había logrado establecer con ella, y además porque estaban en un lugar oscuro. Pero antes de que pudiera hacerlo, “la vio, a ella”, desesperándose, pensando que todo lo logrado se le iba a ir a la mierda. El viejo sintió el sudor frío recorrerle la nuca cuando la vio. La orientadora Melissa avanzaba entre la multitud con una postura que no era de fiesta, sino de caza, y avanzaba acercándose a ellos. Su vestido negro, casi idéntico al de Conny, pero con ...
... una chaqueta entallada que disimulaba sin ocultar, se adhería a sus curvas con una elegancia que rozaba lo insultante. La tela delineaba el relieve de sus caderas anchas, el modo en que la chaqueta se abrochaba justo sobre el pecho, como si invitara a cualquiera desabrocharla. Los lentes de montura fina, de grandes cristales, los que le daban esa entrañable prestancia de intelectualidad, acentuaban la frialdad de sus ojos azules, los que escaneaban la fiesta como si buscaran una amenaza. Su cabello rojizo, recogido en una cola baja, le mantenía su rostro totalmente despejado, lo que le hacía ver aún más intimidante, tanto pos su belleza como su expresión. Esa no era una profesora, se dijo el asustado vejete, era una trampa disfrazada de autoridad, como una celadora en algún tipo de centro de detención clandestino, o así la veía al menos don Ursulo. Y claro, los ojos, azules y fríos, de la orientadora Melissa examinaban la multitud con una intensidad que no dejaba lugar a dudas: “Lo buscaba a él, y a Constanza”. El viejo almacenero sintió que se hundía en su asiento. “¿Lo había visto con Conny? ¿Sabía lo que planeaba?”, se preguntó mirándola aterrorizado mientras se acercaba. Por un instante, en el que los ojos de la orientadora lo miraron, la imaginó su voz cortante como un cuchillo, apuntando con su dedo índice hacia la salida del gimnasio: "Fuera de aquí. Ahora." Pero Melissa, después de mirarlos, pasó de largo, con su mirada clavada en otro punto, como si el instituto ...