1. Conny, una dulce tentación 6


    Fecha: 25/03/2026, Categorías: No Consentido Autor: Roger David, Fuente: TodoRelatos

    ... gimnasio se ahogaba en el eco de paredes frías y olor a humedad. La orientadora Melissa, de 27 años, con el vestido negro ajustado a sus caderas y el moño tirante dejándole su rostro despejado, sintió el primer empujón como un golpe de realidad. Los dos hombres, con sus rostros enrojecidos por el alcohol y la lujuria, la tenían acorralada contra una puerta de metal oxidada, con sus ansiosas manos aferradas a sus brazos con una fuerza que olía a desesperación.
    
    —¡Suéltenme! —les exigió con voz cortante, pero ya no era la autoridad de la orientadora. Era el grito de una mujer que se daba cuenta de que en ese lugar difícilmente alguien la escucharía.
    
    —¡Vamos, profe! —rio uno de ellos, con su aliento a licor quemándole la cara—. ¡No sea tan fría! Desde que la vimos paseándose por el gimnasio toda remilgada supimos que le encantaría bailar con nosotros…
    
    El otro, más alto y con una sonrisa que dejaba al descubierto dientes amarillentos, se acercó hasta que su pecho panzón rozó el de ella, invadiéndole su espacio, mirándola directo a sus ojos azules protegidos por las grandes lentes de cristal. El tipo, con sus ojos, inyectados en sangre, la había desnudado con lentitud, recorriéndola desde la punta de los pies, hasta el escote de su vestido. También se fijó en el modo que su cabello estaba tomado en esa cola informal despajándole su bello rostro de profesora estricta, más el temblor casi imperceptible de sus labios.
    
    —¿O es que solo bailas en una cama con hombres ...
    ... jóvenes? —le murmuró el viejo con su voz cargada de una obscenidad que no necesitaba palabras—. Nosotros también sabríamos cómo moverte…
    
    La orientadora Melissa intentó zafarse, pero sus tacones resbalaron sobre el suelo pegajoso, y uno de los hombres aprovechó para empujarla hacia más allá de la puerta oxidada, la que se abrió con un chirrido metálico, revelando un almacén abandonado donde el aire olía a polvo y moho. Las luces del gimnasio, ahora distantes, apenas iluminaban el espacio, dejando que las sombras se apoderaran de cada rincón.
    
    —¡No voy a bailar con ustedes! —gritó, pero su voz ya no sonaba a amenaza. Sonaba a miedo.
    
    —Claro que sí… —interrumpió el más bajo, agarrándola de la cintura con una fuerza que le quitó el aliento—. O tal vez prefieras que te llevemos a otra parte y te enseñemos a bailar de otra forma… —le dijo sacando una filosa navaja, mostrándosela, a Melissa, en los ojos para que entendiera.
    
    Sus dedos, ásperos y grasosos, se clavaron en su piel a través del vestido, trazando círculos en su espalda que no eran caricias, sino reclamaciones. Melissa sintió el pánico subirle desde el estómago, un nudo que le apretaba la garganta. En ese instituto, ella era la que vigilaba, la que protegía. Pero ahí, en ese lugar olvidado, no era nadie, y menos con esos dos viejos ordinarios que al parecer se a querían violar.
    
    —¿Dónde está tu altivez ahora, pelirroja? —dijo el otro riéndose con sarcasmo, acercando su rostro al de ella hasta que sus narices casi se ...
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