1. Conny, una dulce tentación 6


    Fecha: 25/03/2026, Categorías: No Consentido Autor: Roger David, Fuente: TodoRelatos

    ... rozaron, mirándola amenazante—. ¿Dónde están esas miradas de superioridad que lanzas en las reuniones, en los patios, o cuando te vas para tu casa…
    
    Melissa apretó los puños, con sus uñas clavándose en las palmas, preguntándose qué de donde habían salido esos hombres. Serían trabajadores del instituto, apoderados, o simplemente eran depredadores que la habían escogido y aprovechado la fiesta para interceptarla. Quería gritar. Quería correr. Pero el miedo la paralizaba, como si sus pies estuvieran fundidos al suelo. Sus ojos, antes fríos y azules, ahora brillaban con una humedad que no quería mostrar.
    
    —Si no me sueltan… —comenzó, pero su voz se quebró.
    
    —¿Qué? —interrumpió el más alto, con su aliento caliente rozando su cuello—. ¿Vas a gritar? ¡Aquí no hay nadie que te escuche, zorra! Solo nosotros…
    
    Y en ese momento, Melissa, lo entendió. No era un juego. No era una broma de borrachos. Eran depredadores, y ella era la presa. Su mente, entrenada para proteger a otros, ahora solo podía pensar en una cosa: ¿qué le harían si se resistía?
    
    —Baila con nosotros, puta —murmuró el más bajo, con su mano deslizándose hacia su cadera—. Solo un baile… y te dejamos ir…
    
    Melissa tragó saliva, con su corazón latiendo como un tambor en sus oídos. Sabía que era mentira, que quizá no solo iban a querer bailar con ella en ese lugar solitario. Pero en ese instante, entre el miedo y la desesperación, aceptar parecía la única forma de sobrevivir.
    
    —Está bien —susurró con su voz ...
    ... apenas audible—. Bailaré…
    
    Los hombres rieron socarrones sintiendo el sabor de la victoria. La música del gimnasio, ahora distante, se mezcló con el sonido de respiraciones pasadas.
    
    —Así me gusta —dijo el más alto, dando un paso atrás para mirar el espectáculo—. Ahora quitate esa chaqueta remilgona y menéate para nosotros…
    
    Mientras tanto, al interior del gimnasio, en la pista de baile, Conny seguía moviéndose al ritmo del reguetón, ajena a que la única persona que podría haberla salvado, necesitaba ser salvada.
    
    —¡Miren cómo baila! —exclamó un estudiante, señalando a Conny con una mezcla de admiración y lujuria—. ¡Es como si el reguetón fuera su idioma!
    
    Y era verdad. Constanza se movía como si el ritmo estuviera tejido en sus venas. Sus caderas, anchas y firmes, trazaban círculos perfectos alrededor del cuerpo de Don Úrsulo, con su trasero rozando su entrepierna con una cadencia que no era casual. Sus senos, turgentes y firmes, se alzaban con cada movimiento, el escote de su vestido revelaba el nacimiento como una promesa que nadie más podía reclamar. Inclinaba la cabeza hacia atrás, con su cabello suelto brillando bajo las luces, y por un instante, pareció que no le importaba quién la mirara.
    
    Don Úrsulo, con el miembro ya duro como una roca bajo el pantalón, sintió el calor subirle desde el vientre. Era suficiente, se dijo. La forma en que sus caderas se movían contra las suyas, en que su risa sonaba más suave de lo que debería, en que sus manos, sin darse cuenta, ...