1. Conny, una dulce tentación 6


    Fecha: 25/03/2026, Categorías: No Consentido Autor: Roger David, Fuente: TodoRelatos

    ... se aferraban a las de él… Era suficiente para imaginarla bajo él, jadeante, con los ojos nublados y las piernas abiertas.
    
    Y claro, Conny ya no pensaba. El alcohol había borrado las advertencias, y el baile la había convertido en algo más que una cheerleader: era una presa que no sabía que estaba siendo cazada. Cada movimiento, cada roce, cada risa forzada era un hilo que tejía su propia trampa. Y don Úrsulo, con su baile torpe y sus manos firmes, ya sabía tenerla donde quería.
    
    —¿Quieres ir a un lugar más tranquilo? —le murmuró, con su voz apenas audible sobre la música, pero lo suficiente para que ella sintiera el calor de su aliento en el cuello.
    
    Conny se sonrió, con una risa que sonó a nerviosismo, pero no negó con la cabeza. Sus caderas, sin embargo, se movieron más insinuantes, como si con eso estuviera dándole su respuesta al vejete. Sin embargo, con el vestido aún más corto por el movimiento del baile, se inclinó hacia Don Úrsulo con una lentitud que parecía calculada. Su aliento, fresco como la menta, se entrelazó con el aroma a cerveza que emanaba de él.
    
    —Quiero otra cerveza —le susurró con su voz melosa como miel caliente, mientras sus dedos rozaban el dorso de su mano—. Volvamos a donde estábamos antes.
    
    Don Úrsula sonrió con una mueca de satisfacción. “Otro triunfo”, se dijo para sí, para enseguida tomarla de la mano con una firmeza que ya no disimulaba su intención. Sus dedos, ásperos y callosos, se cerraron alrededor de los de ella como una ...
    ... cadena invisible. La multitud se abrió a su paso, los cuerpos sudorosos rozándolos como fantasmas, pero el vejete no soltó su agarre. Sabía que, en este punto, ella ya no se resistiría.
    
    Al llegar a la mesa pegajosa donde habían estado antes, Conny se sentó con una gracia que el alcohol hacía tambalear. Sus piernas, aún brillantes por el sudor del baile, se cruzaron con una lentitud de lo más prometedora como diciéndole a don Úrsulo que con esa misma lentitud se las iba a abrir para él, si es que seguía atendiéndola como hasta ahora, con el borde del vestido subiendo lo suficiente para revelar el muslo izquierdo.
    
    Don Úrsulo, tragando saliva, despues de observarla mientras se acomodaba, le dijo que volvía enseguida.
    
    —Hoy mereces algo más fuerte… —le dijo el vejete al llegar a la mesa, poniendo sobre esta una botella de aguardiente y dos vasos pequeños. El líquido transparente brilló bajo la luz tenue cuando lo sirvió, con su aroma fuerte, y peligroso.
    
    Conny, con las mejillas sonrojadas y la mirada ligeramente nublada, lo observó llenar los vasos. El primer trago le quemó la garganta, pero no protestó. “—Es solo un brindis”, se repitió—. “—Es don Úrsulo. Es… seguro…”
    
    Pero el segundo trago llegó antes de que pudiera negarse. Sus dedos, ahora más lentos, rozaron los de él al tomar el vaso, y don Úrsulo aprovechó para posar su mano sobre la suya, con sus nudillos ásperos deslizándose por su muñeca como una caricia que ya no disfrazaba su hambre.
    
    —¿Sabes? —murmuró, ...