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Conny, una dulce tentación 6
Fecha: 25/03/2026, Categorías: No Consentido Autor: Roger David, Fuente: TodoRelatos
... Era su deuda. —¿Le gusta el vestido? —preguntó, intentando sonar despreocupada, mientras su mirada se desviaba hacia la pista de baile, donde Any bailaba a los lejos con gestos exagerados. —Me encanta —respondió el almacenero, inclinándose hacia adelante, para que la joven le escuchara, hasta que su aliento, cargado de cerveza rancia y tabaco viejo, rozó el cuello de Conny. Es que la música estaba muy fuerte, debía acercarse para hablarle. La joven sintió un escalofrío que no supo si atribuir al aire de un ventilador cercano o a la forma en que la mano áspera de don Ursulo, se aferraba a su brazo como si temiera que escapara. ¿Era normal que un hombre mayor la mirara y la tocara así? No lo sabía. Don Úrsulo era el almacenero, el hombre de las sonrisas torcidas y los chocolates gratis, el que siempre le preguntaba por sus clases con una amabilidad que ahora le parecía sospechosa. Pero era él. Y en ese momento, no podía ser otra cosa. —Toma —le dijo el viejo, extendiéndole un vaso de plástico lleno de cerveza—. Debes tener sed. Luego de eso volviendo a tomarla del brazo la guio para que se sentaran en una de las mesas que estaba en un rincón sombreda de oscuridad, pero que daba hacia la pista de baile y las luces, en la que don Ursulo ya mantenía unas cuantas botellas de cerveza y cigarros, como para montarse la velada de su vida junto a la jovencita. Conny aceptó y se dejó llevar hasta quedar sentada en una banca con el viejo a un lado de ella. La cerveza ...
... estaba tibia, amarga, pero bebió de todos modos. Necesitaba algo que la calmara, que borrara la forma en que los ojos de don Ursulo se deslizaban por su cuerpo como si la estuviera desnudado. Aún así, no le tenía miedo, solo sentía cierta incomodidad por la forma en que la miraba. Pero estaba segura que solo hablarían un rato y luego se podría ir a reunir con sus amigas. Además, cada vez que iba a su negocio don Ursulo la miraba de la misma forma, se decía en alguna parte de su mente intentando normalizarlo. —¿Sabes? —murmuró Don Úrsulo, acercándose más, hasta que su rodilla rozó uno de sus muslos—. Nunca había visto a nadie hacer piruetas por los aires como tú las hiciste hoy. Parecías… hecha para ser admirada… Constanza bajó la mirada, con sus mejillas teñidas de un rosa que no era solo por el alcohol recién ingerido. ¿Era un cumplido? ¿O algo más?, se preguntó, pero no quería pensar en ello. Solo quería ser amable con don Ursulo, como siempre lo había sido. No obstante, cada palabra, cada roce, era un hilo que se tensaba, como un paso más cerca hacia algo, algo que no deseaba reproducir en su mente. —Gracias —respondió, forzando una sonrisa—. Fue un buen día. —No fue el día —corrigió don Ursulo en el acto, con su voz bajando a un susurro que solo ella pudo escuchar—. Fuiste tú… Y en ese momento, mientras la música retumbaba en los cuerpos de la multitud que se movía en la pista, como marionetas al ritmo del deseo, Conny cometió su primer error, “sonrió”. No con ...