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El círculo. Cap.39 El Centro del Círculo
Fecha: 04/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos
... suficientemente tarde para que no puedan frenarla legalmente. Lo suficientemente cerca para que nadie pueda ignorarla. Se levantó, cerró la laptop, y la metió en una mochila negra. El informante ya no estaba. Se había ido sin que se oyera la puerta. El operador sacó su teléfono y marcó. —Ya está. (pausa) —Sí, señor. Es fuego. (pausa) —No… ya no vamos a ganar. Pero él tampoco. Colgó. __ Al otro lado de la ciudad, en una suite de hotel resguardada en Polanco, César Serrano veía las gráficas en una pantalla. Su curva ya no subía. La de Damián, tampoco. Todo estaba estancado. Pero el archivo venía en camino. —Vamos a hacerlo tropezar —dijo, sin emoción—. Que cruce la línea. Que llegue… pero arrastrándose. La asesora le ofreció un whisky. No lo aceptó. Miró la pantalla. Viernes, 23:59 h. Publicación programada. Y nadie lo podrá frenar. __ Alcaldía Cuauhtémoc — Explanada central, anochecer La noche caía sobre la Cuauhtémoc con la solemnidad de un ritual antiguo. Las luces del templete ardían en blanco cálido, delineando una figura en el centro que parecía más que humana. El aire olía a micrófono recién encendido, a bocinas vibrando en el estómago, a sudor de gente convencida. Las banderas ondeaban, los celulares grababan en vertical. La plaza estaba llena. No abarrotada: llena de sentido. Valeria estaba de pie. Falda negra ajustada, larga hasta media pierna. Blusa sin mangas, de seda azul medianoche. El cabello suelto, ...
... lacio, cayéndole como un manto sobre los hombros. Unos pendientes dorados colgaban discretos. Ningún logo. Ningún nombre en su ropa. Pero el cuerpo, ese cuerpo… hablaba. Los senos hinchados, llenos de vida, parecían desafiar al mundo. La piel, luminosa, le brillaba como si la luz no viniera de afuera, sino de dentro. El vientre, redondo, firme, se adivinaba sin que lo anunciara. Y aun así, todo en ella seguía siendo control. Elegancia. Poder. Serrano la miraba desde la primera fila. Traía un traje sobrio, sin corbata. No dijo una palabra. Pero sus ojos hablaban: orgullo puro, casi animal. Alargó la mano, tocó el vientre de Valeria apenas, con reverencia, y volvió a sentarse. Nadie notó ese gesto, excepto ella. Y eso bastaba. Valeria avanzó hacia el atril. No tenía hojas. No tenía apuntes. Solo una voz firme, de esas que no se suben al templete para gritar, sino para sentenciar. El público calló. Ella habló. —Vecinas, vecinos… y todas las identidades que esta ciudad nos da el privilegio de abrazar. —Pausa—. Hoy no vengo a pedirles el voto. Vengo a declarar un pacto. Las cámaras enfocaban su rostro: ni un titubeo. —Durante décadas, la política ha sido una transacción. Un cálculo. Una herencia. A mí no me interesa administrar el desastre. Vengo a transformarlo. Aplausos. Ella levantó la mano con calma. Siguió: —Vamos a legalizar el aborto en toda la alcaldía, con atención médica digna, gratuita y sin juicio. Porque no hay libertad sin soberanía sobre ...