1. Oda a las alumnas del IED Altamira


    Fecha: 25/04/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Orlok82, Fuente: SexoSinTabues30

    ... de fingir placer: —¡Ay, qué rico se siente mi culo! Ay jueputa, se me abre pa’ todos lados. Uhy, gonorrea. Entonces dirigía la lente al coito, donde una verga gorda y apenas visible por la mata de pelo que tenía, se movía pausadamente entre el ano de Julieth. Sus hermosas y perfectas nalgas de patinadora estaban aplastadas y separadas, además de rojitas. El tipo gemía como cerdo y empujaba con animal torpeza. En un punto, sacó su miembro y lo volvió a meter de inmediato en el pequeño agujerito por donde Julieth le entregaba su mierda al mundo cada mañana. Ella respondió con un grito desgarrador y luego otro ahogado, esforzándose por pretender que se retorcía de gusto. El tipo, en cambio, sí estaba en lo alto de los cielos. Ella lo enfcocó. Su fea cara con los años ya jalándole los cachetes hacia abajo, ojeras, y los cepillos de pelo de coco a los lados de su cabeza, impactaron a Uldabir. Así que esa verga que estaba en el paraíso anal de Julieth, era de un viejo cualquiera. O ni tan cualquiera, según oyó a continuación Uldabir en el video: —¿Usted se imaginaba cogerme así cuando iba detrás mio en la calle viéndome el culo? El viejo solo contestó empujando y gimiendo más fuerte. —Usted no solo debió meterme la mano, sino esa verga tan rica. El tipo gruñó como perro que ve amenazada su comida y tembló al punto que el movimiento se transmitió al celular en mano de Julieth. Sus sonidos parecían suplicar y casi llorar. Con toda certeza, este tipo nunca en la vida, se había ...
    ... comido ni había deseado comerse un culo ni la mitad de rico como el de Julieth. Según mostró el video, el tipo se encorvó sobre Julieth, que estaba en cuatro. Ella seguía disimulando el asco y el dolor, y dijo: —¿Acabaste, lindo? Pero el viejo solo gemía como perro que se humilla ante un amo violento. —Deja ver cómo me llenaste de lechita —dijo ella. Él se quitó de encima y ella se enfocó el trasero, con claras dificultades. Con dos dedos se abrió la cola y de su ano salió un hilo de semen de color oscurecido por sus propios fluidos corporales. Ella seguía quejándose de impresión, pero logró expulsar con aire una buena cantidad de semen del manoseador callejero. Sonó un estrepitoso pedo, especial y justamente húmedo. —Uhy, jueputa —se quejó ella. Pero puso su cara ante la lente y declaró: —¿Cómo se siente, Uldabir perro-hijueputa? Entonces hubo un corte y reapareció Julieth, ya más relajada, con el pelo húmedo y visiblemente descansada. Dijo: —¿Le gustó cómo me dieron por el culo? Pues a ese señor sí le gustó y quiere más. Pero yo no le voy a dar más porque a mí me sobra quién me dé por el culo ¿oyó? Usted siga dándoles verga a mis amigas que yo reparto mi culo —mostró el dedo medio—. Y usted, se quedó con las ganas, maricón hijueputa. Uldabir estaba deshecho… en lubricante. No era de la clase de muchachito hambriento que se pajeaba, así que solo estaba de pie dando brinquitos con el celular en la mano. Marcó para dejar un mensaje de voz: —Julieth, mi perri ¡me encantó el regalo! ...