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Oda a las alumnas del IED Altamira
Fecha: 25/04/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Orlok82, Fuente: SexoSinTabues30
... que hay. —Ahí se las dejo, me las trata bien —dijo Uldabir. Besó con una cuota de ternura en la boca a Julieth y se retiró. Estaban en la secretaría del Panamericano, donde Toño hacía su disuasivo trabajo diurno de locativas. Tenía una toalla grasosa colgada en el hombro y un destornillador en la mano. Su enorme panza casi siempre tenía las huellas de todo aquello con lo que rozaba por falta de espacio. El gordo miró una vez más a las chicas, como si con sus pupilas pudiera embarazarlas. —Síganme, las voy a evaluar. Las condujo a una vieja oficina en desuso. Emma Marcela se dejaba calmar por el estado tranquilo de Julieth, un poco más que Mosquita. Se habían puesto ropa provocadora para presentarse, pues Julieth les había advertido que sería necesario pasar una prueba con el gordo, que era el organizador de los eventos y quien pagaba. Julieth, que ya tenía la entrada garantizada, iba en jean azul oscuro y top blanco. Mosquita tenía una mini-falda de jean muy ceñida y corta. Estuvo, durante todo el trayecto de bajada, haciendo babear a los señores, desde Altamira hasta La Victoria. Tenía que jalarase hacia abajo el ruedo cada diez pasos, porque iba mostrando la unión de las nalgas y le entraba un frío que le hacía cosquillas en los plieguecitos de su ojete. Emma Marcela, en cambio, iba enleggins casi transparente. Exageró la tensión con que amarró su minúscula tanga, para que se le marcara bien su cosa y quedar bien ‘mami’. Varios tipos les gritaron cosas sucias durante el ...
... descenso. Una señora, inclusive, les dijo “Van a llevar plata mojada a la casa” y un peladito de unos doce años se fue tras ellas a lo largo de unas diez cuadras. Por este último, ellas solo rieron y se pusieron a jugar, a provocarlo más. Varias veces, Emma Marcela fingía agacharse, pero hacía eso solo para sacar el culo hacia el pobre chico. Y Mosquita fue más lejos. Se sentó en el escalón que daba entrada a una casa y abrió las piernas. Fingió ver la pantalla de su celular mientras el jovencito tomaba posesión para verla de frente. —Mire, marica, este video —dijo Mosquita en voz muy alta—: Una nena de 16 comiéndoselo con uno de 10 u 11. Mire cómo le chupa la verguita. —Uhy, eso se ve rico —dijo Emma Marcela, asomándose a la pantalla—. Yo quisiera desvirgar a más de un nene de 10 u 11. Que sepan de una vez lo que es bueno. Un par de cuadras adelante, las chicas comentaron: —Si hubiera sido un pela’o más chiquito, se nos acerca a ver qué hay en el celular —dijo Julieth. —¿Y usted qué habría hecho? —quiso saber Mosquita. —Nada, que se joda. Que se vaya pa’ la casa y se pajee. —Yo sí comería pela’ito, pero solo si es conocido —aportó Emma. —Yo también. —Y yo. El trasero de Toño no cabía en la silla metálica, y además la hizo emitir un lastimero chirrido cuando reposó su monumental peso sobre ella. —Quítense la ropa. Quédense en tanga, si quieren —ordenó. Julieth, en conocimiento de sus privilegios, se hizo a un lado. Las otras dos se desenvolvieron de sus prendas en pocos ...