-
Compañeros - Capítulo 27: Costa Azul caliente
Fecha: 11/05/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos
... cachonda… Me estoy tocando pensando en ti.» Al otro lado, Miguel pareció tardar en contestar, imaginando tal vez la escena. Finalmente envió: «Dime cómo te tocas. Quiero imaginarlo.» Carlota dejó escapar un tenue gemido. Siempre había sido algo cohibida hablando sucio en persona, pero por mensaje se sentía más libre. Además, la situación lo pedía. Con una mano comenzó a masajear suavemente su clítoris hinchado y con la otra tecleó, deteniéndose a veces por la oleada de placer que le hacía cerrar los ojos: «Con dos dedos… mojándolos en mi coño y acariciándome el clítoris despacito. Estoy muy húmeda, Miguel…» Envió el texto y casi de inmediato llegó la réplica de él: «Joder… me la estoy cascando pensando en metértela. ¿Te imaginas que estuviera allí? Te follaría tan rico…» Carlota literalmente gimió al leer las palabras explícitas de Miguel. Podía casi oírlo decir eso, con esa voz ronca que se le ponía al excitarse. Introdujo un dedo dentro de sí sin dejar de frotar con la palma, y luego añadió un segundo, bombeando despacio. Sus paredes internas se contraían deseosas. Escribió con dificultad, sus muslos ya temblando: «Mmm sí… te quiero dentro. Quiero sentir tu polla llenándome… Te necesito.» Miguel respondió con una foto más: esta vez de su miembro erecto agarrado por su mano, brillante en la punta. Carlota abrió la imagen mordiéndose el labio; una ola de calor la atravesó al verlo tan listo para ella, aunque fuera en una pantalla. Acompañó la imagen ...
... con: «Esto es lo que me haces, Car. Estoy a punto de correrme…» El apodo cariñoso y el saber que Miguel estaba tan cerca de correrse como ella la llevaron al borde. Aceleró el ritmo de sus dedos dentro de su intimidad y sobre su clítoris, sintiendo espasmos de placer puro propagarse. Escribió torpemente: «Yo… también… ahh… me voy a correr…» Ni siquiera alcanzó a poner un punto final. Su cuerpo se arqueó sobre la cama mientras el orgasmo la sorprendía de lleno. Tuvo que dejar caer el teléfono a un lado mientras gemidos dulces escapaban de sus labios. Sus paredes internas se apretaron alrededor de sus dedos, ola tras ola de liberación. Con ojos entrecerrados, vio la pantalla iluminarse con la respuesta de Miguel: «Córrete para mí, preciosa… Yo voy a… ahh!» Carlota se imaginó a Miguel en su cama, el puño apretando su erección hasta que su semen caliente brotara. Esa imagen mental la espoleó aún más y prolongó su propio clímax durante unos segundos deliciosos. Cuando por fin recuperó el aliento, tomó de nuevo el móvil con la mano temblorosa y envió una última foto: sus muslos aún abiertos y su mano brillando empapada sobre el vientre. «Mira lo que me has hecho…», escribió con atrevimiento. Miguel tardó un momento en contestar, probablemente anonadado por la visión. Al final, envió un simple: «Eres perfecta. Te amo.» Carlota sonrió, con el pecho subiendo y bajando mientras su cuerpo flotaba en esa sensación post-orgásmica cálida. Respondió con un «Te ...