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El Silencio Incestuoso de su Pequeña Melodía
Fecha: 13/05/2026, Categorías: Incesto Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
... mencionó. A mi padre. Lo conocía. Y no solo de vista, sino bien. Su voz tenía un matiz de familiaridad que me inquietó. Dijo que lo había escuchado cantar muchas veces, que incluso habían hablado muchas veces más. Y luego, como si no fuera suficiente, añadió que también conocía a mis hermanos. Me detuve. Me molestó su sinceridad. Sí, sé lo ilógico que suena, pero en ese instante hubiese preferido que dijera cualquier otra cosa. Algo simple, algo cotidiano. Que se acercó porque me vio sola, porque le llamé la atención, porque sí. No porque mi padre, aún ausente, fuera el puente entre nosotros. Abrí la boca para decir algo, pero antes de que pudiera reaccionar, él continuó. Y lo que dijo después hizo que la molestia se disolviera en algo mucho más grande: sorpresa. Me confesó que mi padre había tenido un amorío con su madre. Sus palabras se deslizaron en el aire con una naturalidad que me resultó insoportable. Sentí cómo mi estómago se encogía, cómo algo dentro de mí se crispaba sin que pudiera controlarlo. No sé por qué, pero en ese momento sentí celos. Era absurdo, lo sé. Mi padre había sido un hombre soltero desde que mi madre murió, cuando yo era solo un bebé. No había razón para que aquellas palabras me dolieran. Pero lo hicieron. La imagen que tenía de él, de su vida construida alrededor de mí y de mis hermanos, de su música llenando cada rincón de la casa, de su amor incondicional, se tambaleó. Y en su lugar apareció otra: una en la que mi padre ...
... había pertenecido, aunque fuera por un instante, a otra persona. A otra familia. Y no fue solo eso, Daniel fue explicito y punzante con sus palabras, me confesó todas las veces que había sido testigo del sexo entre mi padre y su madre, me dio a entender que fueron tantas que ni siquiera podría recordarlas todas. De hecho llegó a un punto en que perdió su inocencia, puesto que se dio cuenta que ellos lo dejaban observar, le permitían que él los viera y fue cuando Daniel dejo de ocultarse, era como el camarógrafo de la escena sexual que su madre y mi padre desarrollaban ante sus ojos. Luego de eso el comportamiento de su madre cambio. Ahora lo saludaba con besos en los labios y era mucho más mimosa que antes. Hasta que un día, un día que era testigo del sexo, su madre lo hizo acercarse y lo involucró. Daniel me contó que lo primero que hizo fue saborear la vagina de su propia madre. No supe qué decir. No supe qué sentir. Solo supe que su confesión había cambiado algo, y que ya no podía volver atrás. En ese momento llegamos a casa. Mi hermano estaba en la entrada, esperándome para recibirme antes de volver al trabajo. Cuando vio a Daniel, su expresión cambió por un instante: sorpresa, reconocimiento. Pero el saludo fue familiar, casi automático, como si se conocieran desde hace tiempo. Yo seguía procesando lo que Daniel me había dicho cuando su voz volvió a sacudirme. —Mi madre quiere verlos —dijo, con un temblor apenas perceptible en su tono. Luego, tras una breve ...