-
Compañeros - Capítulo 22: La que te debía
Fecha: 09/06/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos
... “insaciables”… —dijo en tono sugerente. Luis levantó la mirada, entre curioso y alerta—. ¿Qué? ¿Qué pasa? Miguel se humedeció los labios, sintiendo de pronto una pequeña oleada de nervios mezclada con expectación. Llevaba semanas —meses, en realidad— esperando el momento adecuado para sacar cierto tema. Tal vez esa noche de adrenalina sexual era el punto perfecto. —Estaba pensando… —comenzó despacio—. ¿Te acuerdas de aquella vez? No hacía falta decir más. La expresión de Luis cambió al instante; sus ojos oscuros se agrandaron ligeramente y una tensión sutil se dibujó en su mandíbula. Por supuesto que se acordaba. Esa noche, hace unos meses, cuando ambos habían cruzado una línea juntos por primera vez. —Eh… sí —respondió Luis tras un segundo, frotándose la nuca con una risita nerviosa—. ¿Cómo olvidarlo? Miguel sintió un cosquilleo en el estómago al ver la reacción de su amigo. Luis podía ser muy echado pa’lante para todo, pero en esto en particular, aún conservaba cierto pudor adorable. Miguel decidió ir al grano, antes de que la valentía se le esfumara. —Bueno, pues… —Se pasó la mano por la nuca, imitando sin darse cuenta el gesto de Luis—. ¿Te acuerdas lo que dijimos? Que la próxima vez… —…te tocaba a ti —completó Luis en un murmullo. Se hizo el silencio un par de latidos. Los dos amigos se miraron: Miguel con media sonrisa expectante; Luis con las cejas alzadas y una mezcla de sorpresa y renuente emoción pintada en la cara. —Eso es —confirmó ...
... Miguel suavemente. Puso una mano sobre la rodilla de Luis, en gesto camaraderil, pero la dejó reposar ahí, apretando un poco—. Ha pasado tiempo… no quise meterte prisa, ya sabes. Pero… me apetecería cobrarme esa deuda esta noche. Los latidos del corazón de Luis se aceleraron lo suficiente para que él mismo los notara en sus oídos. Soltó una risita tonta—. Vaya, el señorito viene cachondo perdido, ¿no? ¿No tuviste suficiente hoy? —preguntó, intentando aligerar la tensión súbita en el aire. Miguel rió entre dientes—. Digamos que me quedé con ganas de más —admitió, notando cómo su propia mano en la rodilla de Luis empezaba a moverse en caricias leves—. Pero si tú no quieres, colega, no pasa nada. Cuando estés listo, dijiste… Luis respiró hondo. Su mente era un torbellino breve: Por un lado, los nervios típicos ante lo desconocido. Por otro, la confianza absoluta que le tenía a Miguel, sumada a la excitación creciente que empezaba a sentir con solo recordar lo bien que se sintió aquella vez que se invirtieron los papeles. Tragó saliva—. Estoy listo —dijo de pronto, sorprendiéndose a sí mismo. Forzó una sonrisa relajada—. Va, venga. Como dicen… lo prometido es deuda, ¿no? A Miguel se le iluminó el rostro. Intentó controlar la sonrisa de entusiasmo para no asustar a su amigo. —¿Seguro? —insistió, buscando confirmación en la mirada de Luis. Luis asintió, esta vez con más convicción, aunque no sin cierto rubor en las orejas—. Seguro. Acojonado, pero seguro. —Soltó una ...