1. Compañeros - Capítulo 22: La que te debía


    Fecha: 09/06/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos

    ... lado.
    
    —¡Pero tío! —Arnau soltó una carcajada incrédula al sentir el calor pegajoso manchándole—. Me has pringado entero, gilipollas…
    
    Jordi no podía ni responder, aún convulsionando mientras más chorros salían, algunos aterrizando en su propio vientre, otros salpicando la tapicería del sofá—. Ahh… lo… lo siento… —logró decir entre jadeos, aunque se reía.
    
    Ver a Jordi correrse así desencadenó un efecto dominó. Arnau, que estaba al borde, no aguantó más la visión de la leche de su amigo sobre su mano. Apretó los dientes y se corrió también, emitiendo un profundo gruñido. Sostuvo su polla hacia arriba, dejando que los primeros disparos volaran sin control: uno le cayó a Miguel en el antebrazo; otro le salpicó la cintura a Luis; los siguientes Arnau los apuntó hacia sí mismo por reflejo, bañando su abdomen musculoso de blanco.
    
    —¡Joder! —Miguel sintió la caliente evidencia en su brazo y eso lo terminó de empujar al límite. Sus testículos se contrajeron y su propia corrida llegó, intensa. Cerró los ojos y dejó que su mano volara sobre su polla, ordeñando cada gota. Sus gemidos quedaron ahogados en su garganta mientras su semen salía a presión. El primer chorro, largo y denso, alcanzó a Luis en la parte baja del abdomen. Los siguientes cayeron sobre la mano de Miguel y su muslo.
    
    Luis sintió el calor viscoso de la corrida de Miguel manchándolo y eso fue su fin. Dejó escapar un gemido desgarrado—. Ahh, mírame, mírame… —gruñó a ninguno en particular, completamente ...
    ... entregado. Agarró su verga con ambas manos para el toque final y explotó. Un chorro espeso le saltó hasta el pecho; otro alcanzó el brazo de Miguel que estaba aún alzado; los últimos se derramaron entre sus dedos y regaron sus propios muslos.
    
    El salón quedó lleno de jadeos y un silencio aturdido. Los cuatro amigos permanecieron unos segundos inmóviles, tratando de recuperar el aliento y procesar lo que acababa de pasar. Luego Jordi empezó a reírse, una risa tonta y satisfecha que pronto contagió a Arnau. Luis y Miguel se miraron y también rieron: estaban manchados con las lefas de unos y otros, pegajosos y sudorosos, pero muy relajados.
    
    —Vaya panda de cerdos… —bromeó Arnau al fin, limpiándose la mano cubierta de semen con un pañuelo de papel que sacó de la mesa.
    
    —La madre que os parió… —Luis intentaba limpiarse el vientre con un folio que encontró por ahí, sin mucho éxito—. Me habéis dejado hecho un Cristo.
    
    —Ahí hay duchas de sobra, princesa —se mofó Jordi, encendiendo de nuevo el porro olvidado y dándole una calada triunfal.
    
    Miguel negó con la cabeza, sonriendo—. Menuda manera de empezar el puente…
    
    —Y las que nos quedan —repuso Arnau, guiñándole un ojo.
    
    Tras un rato de risas y limpieza rápida (pañuelos de papel, camisetas viejas usadas de trapo, y promesas de lavar el sofá antes de irse), los chicos decidieron echarse una siesta reparadora. La noche anterior pocos habían dormido lo suficiente y, tras las cervezas, el porro y la paja colectiva, el cuerpo pedía ...
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