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Hipnosis erótica II 6: adicto a mamá
Fecha: 28/06/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
Hipnosis erótica 2 Capítulo 6 Adicto a mamá No hubo una palabra más. No hizo falta. Cuando mamá salió del baño con la toalla ajustada al cuerpo y el pelo goteando sobre los hombros, el silencio que nos envolvía decía mucho más que cualquier frase que pudiera inventarse. Yo la tomé de la mano, como si tuviera miedo a que se cayera. La guie hacia la salida. Abrí la puerta. Caminamos juntos, en silencio. Ya estaba. Por fin me la iba a coger. Me sentía eufórico, excitado, poderoso. No metimos en su cuarto. La toalla apenas le cubría hasta los muslos, y en cada paso se le deslizaba un poco, dejando entrever la parte alta de sus piernas, la curva profunda de sus caderas. El escote improvisado dejaba los hombros al descubierto, la clavícula aún húmeda, y entre el nudo de la tela y la caída del pecho, se dibujaba ese relieve que no podía ignorarse. La piel blanca brillaba con la luz tenue del pasillo, mezclada con gotas que se resistían a secarse. El cabello, mojado, caía pesado sobre un lado, dejando el cuello expuesto como un descuido deliberado. La miré fijo. —¿Qué pensás del hecho de que te voy a coger? —le pregunté. —Me parece muy raro. Es una aberración. Pero tengo ganas de que lo hagas. ¿Por qué me pasa esto, Rafa? —No importa. Lo que importa es que quieras hacerlo, y que lo disfrutes. Ella asintió con una suavidad que no parecía humana. Como si la orden le llegara desde adentro. La habitación estaba bien iluminada. Me gustaba así, porque ...
... podía verla en todo su esplendor. Los ojos verdes, ahora algo apagados, pero igualmente deslumbrantes; las tetas grandes y erguidas, apenas contenidas por la toalla; el pelo negro, que junto con los ojos le daba un aspecto mágico; las piernas largas y torneadas. No podía verle el enorme y terso culo que tenía, pero pronto lo haría. El aire estaba tibio. Aún podía oler su perfume mezclado con vapor, ese aroma a piel húmeda recién salida del agua. Se detuvo en el centro del cuarto, sin mirar atrás. —Arrodillate —le dije. Ella obedeció. Pero antes hizo algo que me sorprendió. Aflojó la toalla, y la tela descendió por su cuerpo como si hubiera estado esperando hacerlo desde el momento en que la había atado. Cuando tocó el suelo, sus pies descalzos quedaron sobre ella. Su cuerpo entero, desnudo y mojado, se mostró sin resistencia. Vi su vello púbico, húmedo. Sus pezones estaban duros, como ya lo sabía. —¿Por qué hiciste eso? —pregunté, confundido—. ¿Por qué te quitaste la toalla? —Me vas a pedir que te chupe la pija, ¿no? —dijo mamá, como si fuera lo más normal del mundo? —. Si me la hubiera quedado, estaría preocupada todo el tiempo por moverme de más y hacer que se me caiga. Así que simplemente me la quité y ya. Tenía sentido, pero no dejaba de sorprenderme. Por lo visto, la hipnosis hacía que cumpliera cada orden de la mejor manera posible. De ahí a que hiciera ciertas cosas solas. No le di más importancia al tema. Me senté en el borde de la cama. Ella se ...