1. Hipnosis erótica II 6: adicto a mamá


    Fecha: 28/06/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos

    ... acercó y se arrodilló frente a mí con una suavidad hipnótica, sin bajar la vista. Me miraba a los ojos, con completa entrega y sumisión. Pero no era solo eso. También había hambre. Había un brillo especial en sus pupilas. Al igual que había pasado con Marina, Ella también sentía deseo sexual. Todo gracias a los comandos especiales activados.
    
    La sensación de tenerla ahí, de rodillas, sin una prenda que la protegiera del frío ni del deseo, era más poderosa de lo que había anticipado. El pecho me latía fuerte. Sentía la sangre recorriéndome con una electricidad que me tensaba los músculos, los dedos, el cuello. Me gustaba mirarla. Ver cómo su cuerpo respiraba, cómo el pecho subía y bajaba, cómo la humedad de su piel brillaba bajo la luz artificial de la habitación.
    
    Llevé una mano a su rostro. La toqué con las yemas de los dedos, apenas, como quien roza algo sagrado. Ella cerró los ojos un segundo. Su piel estaba tibia. Su respiración temblaba.
    
    —Ya podés empezar —le dije.
    
    Ella no respondió. Solo asintió, y entonces lo hizo.
    
    Lo que siguió fue una danza de movimientos precisos, delicados, profundamente sensuales, que no necesitaban nombre. Ella se inclinó, con una gracia felina, como si supiera cada parte del ritual que estaba a punto de comenzar. No hubo ansiedad en su cuerpo, ni apuro en sus gestos. Solo una cadencia suave, lenta, marcada por una entrega absoluta. Sus manos acariciaban mi verga con un cuidado que parecía íntimo y ceremonial a la vez. Su boca, ...
    ... tibia y húmeda, se movía como si cada gesto fuera una forma de adoración silenciosa, haciendo que sintiera cómo el placer se expandía desde la entrepierna a todo el cuerpo.
    
    De pronto levantó la mirada, y esos ojos verdes que tantas veces había admirado ahora me observaban con deseo, mientras no dejaba de engullir mi verga. No podía creerlo, pero a la vez lo creía. No era solo la sensación sexual. Era todo. Ella ahí, agachada, obediente, disfrutando de hacerme una mamada.
    
    Apoyé una mano en su cabeza. No con fuerza. Solo para sentirla. Para marcar el ritmo. Ella no se detuvo. Se adaptó. Se entregó aún más. Su espalda bajaba y subía con una elegancia imposible, como si estuviera bailando para mí, desde dentro, desde un lugar que ni siquiera conocía.
    
    Y yo la dejé hacer. Por minutos. Por un tiempo que no supe medir.
    
    Ahí estaba Ella, con la cabeza subiendo y bajando continuamente, haciendo algo que en otras circunstancias no hubiera hecho de ninguna manera. Yo sentía un goce que mi cuerpo parecía apenas aguantar. Y de hecho así fue. El semen brotó con una potencia que me sorprendió, y todo cayó dentro de su boca.
    
    —Querías que me lo trague todo, ¿no? —preguntó, una vez que se desprendió de mi verga.
    
    Yo solo asentí con la cabeza, mientras ella se limpiaba con el pulgar un fino hilo que se había escapado y ahora ensuciaba su barbilla. Luego llevó el mismo dedo con el que se había limpiado y lo succionó.
    
    Sabía que no me quedaba mucho tiempo. La aplicación no permitía ...
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