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Hipnosis erótica II 6: adicto a mamá
Fecha: 28/06/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
... controlarla por más allá de media hora. Lo había leído en el manual y también lo había experimentado con Marina: si forzaba los límites, el efecto se debilitaba, y si se debilitaba, todo podía irse al carajo. Tarde o temprano se iba a despertar. Y no quería verla así. No en ese estado de transición entre el deseo inducido y la conciencia. Así que, muy a mi pesar, me subí el pantalón, le ordené que descansara y salí del cuarto sin decir una palabra. Me fui al mío, en silencio, con las manos temblando y el corazón todavía acelerado. Igual, si bien esa experiencia había sido corta, tenía el alivio de saber que podía hacerlo muchas veces más. —Me puedo coger a mamá cuando quiera —dije, porque decirlo así, no solo en mi mente, se sentía demasiado bien. Me tiré en la cama, pero no pude cerrar los ojos. Tenía la imagen de su boca envolviendo mi verga grabada como fuego en la retina. Y no solo eso. También el calor de su lengua, la presión de sus labios, el modo en que sus ojos me miraban desde abajo como si nada tuviera más importancia que chuparle la pija a su hijo. No podía dejar de pensar en ella. En todo lo que había hecho, en lo que le había ordenado hacer, en la forma en que lo hizo, incluso mejor de lo que había imaginado. Sabía que si usaba el HypnoLink demasiadas veces con una misma persona, podía ser peligroso. Había leído informes sobre pérdida de reflejos naturales, pequeñas disociaciones, incluso efectos secundarios emocionales si el vínculo era repetido. ...
... Pero también era cierto que apenas había empezado a usarlo con mamá, así que no podía afectarla mucho si lo usaba una vez más en un corto plazo, solo por esta vez. ¿No? Así que, a la madrugada, instado por los recuerdos que me torturaban, me levanté. No me importó la hora. Tampoco si estaba profundamente dormida. Sabía que no lo iba a notar. Ni siquiera me molesté en entrar al cuarto de inmediato. Me quedé unos segundos afuera, apoyado en la pared, mirando la pantalla del celular mientras activaba la aplicación. Esperé a que pasaran los cinco minutos de siempre. Solo entonces abrí la puerta, sin hacer ruido. El cuarto estaba oscuro, pero no del todo. Una rendija de la persiana dejaba colar una línea tenue de luz azulada que venía de la calle. Eso le daba a la habitación una penumbra suave, casi cinematográfica. Me acerqué despacio. Mamá estaba ahí, acostada de lado, abrazada a la almohada como una nena. Tapada con el cubrecama y las sábanas hasta los hombros. Respiraba profundo. Su cara no mostraba ninguna tensión. Ni un rastro de lo que habíamos hecho unas horas antes. No me sorprendía, pero sí me fascinaba. Esa mezcla de candidez e inconsciencia. Esa capacidad que tenía la hipnosis de borrar todo rastro, como si cada escena quedara encapsulada en otra dimensión. Era perfecto, porque podía hacer con ella lo que quisiera, sin temor a consecuencias. Encendí la luz. Una lámpara pequeña, cálida, junto a la cama. No se movió. Ni un parpadeo. Me acerqué. La observé ...